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viernes, 15 de junio de 2012

Mortalidad infantil y control de daños

Ayer se dio a conocer el informe de la Dirección General de Estadísticas y Censos del Gobierno de la Ciudad que da cuenta de un fuerte aumento en la tasa de mortalidad infantil del distrito: 26%. Si bien el informe esta fechado en abril de este año, la noticia se supo recién a esta altura de junio porque la oposición accedió al informe y le dio estado público. Sino tal vez no habría sido noticia, a pesar de que el descenso en las cifras del año pasado generó una profusa movida de prensa por parte del Gobierno de la Ciudad.
Francamente es un tema sobre el cual duele opinar. Entristece que el distrito más rico del país tenga tasas de mortalidad infantil en aumento mientras en el resto de las provincias se produce un descenso sostenido  (en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, la baja del último año alcanzó el 4,17%). Más aún cuando podemos observar fuertes diferencias entre distintas zonas de la Ciudad: en las más postergadas, las cifras de mortalidad infantil ya estarían superando las de ocho provincias argentinas, de acuerdo a los últimos datos disponibles (son de 2010, por lo que el número podría incluso ser mayor): Chubut, La Pampa, Neuquén, Río Negro, San Juan, San Luis, Santa Cruz y Tierra del Fuego.
Más doloroso es comprobar que la tasa de mortalidad infantil subió al mismo nivel del 2004, a contramano de lo que ocurre en el resto del país:

 Se trata de 78 muertes infantiles más que el año pasado.

Comunicación y campaña:

En marzo de 2011, fue el propio Mauricio Macri el que dio a conocer la noticia. Esto publicó en su cuenta de twitter: 


En este entonces, y como se recuerda hoy en una nota del Diario Tiempo Argentino:
Macri afirmó que el descenso en la mortalidad infantil era “resultado de las políticas de salud pública que se han implementado en la ciudad desde diciembre de 2007”, y que eso demostraba “el buen trabajo hecho desde los ministerios de Salud y de Desarrollo Social de la ciudad, como también desde la Agencia de Protección Ambiental”. Para su Ministro de Salud, Jorge Lemus, agregaba entonces: “Esperamos una tendencia sostenida al descenso de la mortalidad infantil a través del programa de Cobertura Porteña de Salud, el sistema de Regionalización Materna y Neonatal para la oportuna derivación y los programas sociales y ambientales.” (las negritas son mías).
Los diarios afines al macrismo, le dieron adecuada cobertura al anuncio. Clarín lo llegó a publicar en tapa:

La Razón, otro diario del mismo grupo, lo consideró incluso como el título más importante del día:


La Nación, por su parte, destacó en su título que se trataba de una baja histórica (en efecto lo era), y remarcó tanto en la bajada como en el primer párrafo que se trataba de "cifras oficiales".


Control de daños:

En esta oportunidad, el tratamiento de estos medios ha sido sustancialmente distinto. El único diario que puso en su tapa el tema fue Tiempo Argentino, que en su nota también dejó claro que se trata de cifras oficiales:


De la misma forma, Página 12, lo aclara en el subtítulo de la nota:


Este diario también consignó la respuesta del Gobierno de la Ciudad, en conferencia de prensa y ya sin Macri presente:
El ministro de Salud porteño respondió con una conferencia de prensa, acompañado por la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley. Lemus aseguró que el aumento está “dentro del rango de variación interanual esperado para el cuatrienio, que siempre exhibe subas y bajas. En 2008 bajó, en 2009 subió, en 2010 bajó y en 2011 subió”, expresó el funcionario y destacó que “en este nuevo cuatrienio de 2008-2011, bajo la gestión Macri, alcanzó 7,7 por mil, que es la más baja de la historia de la Ciudad de Buenos Aires”
El argumento pasó de esperar un "descenso sostenido" a esperar que el aumento esté dentro de un "rango de variación interanual" en el que por algún motivo el dato tiene que andar a los saltos.
Ahora bien, volviendo a un tema recurrente de este blog, el alcance de la protección mediática a Mauricio Macri se puede ver en toda su dimensión en las enormes diferencias de tratamiento que el tema tuvo en esta oportunidad. Más allá de que el asunto pueda estar en tapa o no, lo que puede obedecer a una situación coyuntural tal vez, el Diario Clarín publicó la siguiente nota:


En este caso, ya no se trata de cifras oficiales. No se dice nada al respecto. El tratamiento del tema es rebajado a una polémica entre "figuras del kirchnerismo" y funcionarios del Gobierno que logran que en el primer párrafo quede instalada la idea de que se trata de "la tasa más baja de la historia de la Ciudad" aunque, como vimos más arriba, hay que remontarse al año 2004 (es decir, 8 años atrás), para encontrar una cifra tan alta.
Mucho peor ha sido el tratamiento del diario La Nación. La noticia ni siquiera mereció un lugar en el diario de hoy y apenas fue publicada ayer a las 18:58 hs. en la edición web:



En este caso, otra vez se ignora que se trata de cifras oficiales del Gobierno porteño. El dato se reemplaza por un título en el que algunas personas (que después resultan ser "legisladores y funcionarios kirchneristas" y "representantes K") denuncian algo. El subtítulo destaca que para los funcionarios macristas se trata de "cifras normales". Es posible que la certeza respecto de la normalidad del asunto haya convencido al diario de poner en tapa un tema mucho más importante para editores y lectores, sin duda:


 Terrible. ¿Será o no la Ciudad un distrito "Pet Friendly"?

jueves, 24 de junio de 2010

Tapar o hacer tapa

En pleno debate sobre la nueva ley de medios el Grupo Clarín sacó una agresiva campaña bajo el lema "La realidad se puede tapar o hacer tapa". La misma mostraba aspectos de la realidad que supuestamente el Gobierno Nacional trataría de ocultar con la nueva ley de medios, y tapas de Clarín que mostraban cómo el diario se hacía eco de esos problemas.
Surgieron algunas respuestas ingeniosas (incluidas algunas muy buenas en el blog de Fede) que recordaban posturas del periódico ante determinados sucesos (la tapa del "La crisis sumó dos nuevas muertes" es ya un clásico de cualquier presentación crítica hacia el diario).
La campaña debió ser dejada de lado. El diario no resiste su propio archivo, por supuesto, y mucha gente ya ha tomado nota de que en la pelea con el Gobierno no está en juego la libertad de prensa sino la posición hegemónica del grupo en cuanto a decidir los contenidos de la información que recibimos los argentinos.
En esa pelea, justamente, no pueden ni deben existir notas favorables al Gobierno (cualquier buena noticia es convertida en mala, ignorada o matizada). Para los que deseamos informarnos, obliga al esfuerzo de tratar de buscar fuentes múltiples para cada cuestión y analizarlas con mucho cuidado, algo que por cierto deberíamos hacer siempre y en lo que paradójicamente la histeria del diario de la vuvuzela nos sirve permanentemente de ayuda memoria.
Otro costado del problema es la actitud del Grupo frente a los dirigentes de la oposición. Sea por no abrirse demasiados frentes de conflicto, por la publicidad que algunos pueden aportar o por otros acuerdos políticos que puedan encontrarse más lejos de nuestro alcance (probablemente por un mix de las tres posibilidades), el Grupo asume una actitud frente a otros dirigentes muy pasiva frente a algunas de las cuestiones que los tienen involucrados, o incluso participa de operaciones políticas a su favor.
Me refiero particularmente a Mauricio Macri. En el caso del escándalo del espionaje por las escuchas telefónicas, Clarín comenzó ignorando por semanas el tema para luego hacerse eco de las excusas del Jefe de Gobierno en forma totalmente acrítica. Esta actuación, que puede dejarse en el plano de mis opiniones o revisar los archivos para ver si tengo razón, fue reforzada recientemente por la aparición en la tapa del diario de declaraciones de un aliado político del Jefe de Gobierno que decía que Oyarbide le había confesado su intención de llevarse puesto al Jefe de Gobierno. Ese elemento fue luego aportado por Macri como prueba para recusar al juez.
La recusación fue rechazada por un fallo de la Cámara Federal que desestima en forma muy clara sus argumentos.
También se acercó al trámite judicial, como evidencia de que el Gobierno estaba detrás del accionar de Oyarbide, otra nota del diario Clarín en la que el periodista Daniel Santoro publicaba una investigación supuestamente suya, que casualmente era publicada en el Diario La Nación del mismo día pero aludiendo como fuente a funcionarios del Gobierno de Macri. En la brillante pesquisa se identificaba a un agente de inteligencia del Estado (algo que roza el delito si la acusación resulta ser falsa) como el que había hecho el llamado a Sergio Burstein en el que se le informaba que estaba siendo espiado por el "Fino" Palacios. 
Poner eso en el foco de atención es como si en el caso Watergate hubiese sido más importante saber quién era "Garganta Profunda" que conocer a quienes estaban detrás del escándalo del espionaje al Partido Demócrata.
Daniel Santoro, por su parte, cuatro días después de la publicación de la "investigación exclusiva" recibió una medalla “en reconocimiento a su labor, trayectoria, honestidad y generosa contribución a la sociedad de su tiempo”, por parte de... Mauricio Macri.
Hoy nos desayunamos con una nueva maniobra legal basada en la "investigación" de Santoro, y por supuesto publicada por Clarín: pedir la nulidad del caso, ya que "todo el proceso sería ilegítimo si se confirma que la llamada que alertó sobre la pinchadura de su teléfono al dirigente de la asociación de familiares de las víctimas del atentado a la AMIA, Sergio Burstein, fue realizada por un agente de la Side. En ese caso, el agente habría violado la ley de inteligencia y, siguiendo el razonamiento de los abogados del jefe de Gobierno, todo el caso se habría construido a partir de un hecho ilegal."
Pero lo más importante es la confesión que se puede leer más abajo: tal y como también dice La Nación en una nota similar, la fuente ya no es la investigación de Santoro, sino que "el espía Hugo Álvarez fue el autor de la llamada anónima a Burstein, tal como dos fuentes macristas adelantaron a principios de mes a Clarín." El contraste es más que interesante, ya que en la nota sobre la "investigación", "una llamada anónima dijo a este diario que se trataba “del gordo Alvarez, un empleado del Gobierno que frecuenta los cafés de alrededor del palacio de Tribunales”. Después de una serie de consultas, dos altas fuentes del sector policial, que pidieron no ser identificadas, afirmaron a este diario que se trataría de “Hugo David Alvarez”.
O sea, se mintió en la nota anterior o las fuentes policiales eran de la Metropolitana y también se dedicaban a hacer inteligencia.
Lo de Chamorro, en tanto, sólo vale cuatro líneas en las que se deja de lado mencionar que le echó la culpa al Fino del espionaje sobre dirigentes opositores y sobre un abogado que había denunciado a Calcaterra Construcciones
En algo tenían razón, la realidad se puede tapar o hacer tapa.

jueves, 25 de febrero de 2010

Fomentando la ignorancia


(Foto: www.senado.gov.ar)

Los títulos principales de los diarios de hoy destacan la fallida sesión del Senado de la Nación en la que no se logró aprobar la conformación de las Comisiones de asesoramiento. La mayoría de los medios tienen en común calificaciones del tipo "maniobra", "jugada", etc. Salvo Página 12, que tiene una postura afín al Gobierno, el resto de los diarios presentan la derrota de la oposición como una especie de trampa institucional del Ejecutivo y muestran al ex Presidente Menem (aliado ocasional por su ausencia) como un compañero "horrible" del kirchnerismo , como si haberlo contado en el otro bando no hubiera significado mácula alguna para sus eventuales compañeros de ruta (en mi opinión lo es de cualquiera de los dos lados).
Oposición y medios opositores culpan al Gobierno de un fracaso que en todo caso les es propio, pero lo complicado es jugar con la ignorancia de muchos destinatarios del mensaje. El quórum es uno de los elementos que nutren al Parlamento como institución y los distintos sectores tienen el derecho (y no la obligación) de prestarlo o no.
Quiero ser claro en un aspecto. No es que considere que el Gobierno no hace lo mismo que la oposición. Muchas veces, cuando es el Ejecutivo el que no logra sentar la suficiente cantidad de legisladores en el recinto, escuchamos quejas respecto de que los ausentes "no quieren trabajar" y que habría que sancionarlos de algún modo. Quienes hacen ese tipo de afirmaciones, sobre todo cuando se trata de legisladores o de periodistas especializados en temas parlamentarios, mienten. Saben que mienten y lo hacen a plena conciencia. Y cuando les toca a ellos no dar quórum se olvidan por completo de los pedidos de descuentos de sueldo y otras yerbas.
El Parlamento se compone de lo que los ciudadanos votan. De acuerdo a ese voto existen mayorías o no. Los resultados del trabajo parlamentario (el recinto es una parte pequeñísima del mismo) se presentan en la sesión a través de la conformación de mayorías que, dependiendo del voto de la gente, pueden ser logradas por un solo partido, por una coalición o por mayorías eventuales. Las reglas del juego implican que para lograr aprobar una ley, una resolución o lo que fuere, hay que sentar una cantidad de legisladores en sus bancas (algo que varía de acuerdo a los reglamentos) y eso también forma parte de la construcción de mayorías y consensos propia del funcionamiento del Congreso en un sistema democrático.
En el Senado de la Nación se da una circunstancia particular: producto del humor de los electorados provinciales en los años 2005, 2007 y 2009, en los que se votó un tercio de la actual composición del Cuerpo respectivamente, la oposición y el oficialismo están muy parejos en números, lo que hace sumamente complicadas las negociaciones (cada voto es muy importante). Lo que pasó ayer puede convertirse en moneda corriente entonces, y debemos tratar de conocer el funcionamiento de las instituciones (subrayo que el quórum es un elemento fundamental del mecanismo institucional) antes de comprar opiniones interesadas al respecto.
Se puede estar de acuerdo o no con el Gobierno. Lo que no se puede es aceptar discursos falaces ni medir distinto el mismo comportamiento dependiendo de la simpatía con el sector político que lo lleve adelante.
Es desagradable que haya medios y políticos que tomen con normalidad fomentar la ignorancia respecto de las instituciones y luego valerse de ello.

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