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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Macri y la deuda de la Ciudad


Faltan pocos días para la segunda vuelta y Macri viene primero en las encuestas, mostrando que ha logrado convencer a una importante cantidad de ciudadanos con sus propuestas, incluida su propuesta económica. 
En este blog hemos seguido el tema del endeudamiento de la Ciudad durante la administración Macri. Se puede hacer un repaso a las distintas notas haciendo clic aquí.
Si bien tengo información como para escribir mucho más que un post, intentaré hacer una síntesis lo más apretada posible de lo que ha sido la política de endeudamiento macrista, con varios ejemplos concretos.
El gráfico que encabeza este post muestra que la deuda (con datos del cierre del segundo trimestre del 2015 que son los últimos disponibles), se ha multiplicado por cuatro (en dólares) hasta ahora. No obstante, y si bien se pueden extender algunas conclusiones con estos números, les sugiero no adelantarse hasta ver el resto.

¿Para qué endeudarse?

Decía el hoy Ministro de Economía de la Ciudad (intendente electo de Lanús), Néstor Grindetti, antes de asumir su cargo, en su segunda visita a la Legislatura, en el marco de las reuniones para aprobar el Presupuesto 2008, el 23 de noviembre de 2007:
"la inversión no ha sido para nada ambiciosa en estos años. El promedio de estas columnas prevé una inversión del orden del 11.5 por ciento respecto del gasto desde el año 2000 hasta el 2007. La administración actual proponía un 14 por ciento y nosotros pensamos llevarla al 22.9 por ciento respecto del gasto. Esta situación claramente ha generado en la ciudad lo que me parece que corresponde llamar “pasivo de infraestructura"
Más allá de lo poco atinado que parecía entonces elaborar un promedio que incluyera los peores años de la crisis con la que nuestro país encaró el comienzo del milenio, lo que hacía el Ministro era plantear que gracias a la deuda se podía hacer un poco más de obra, mejorando fuertemente la participación de la inversión en infraestructura en el gasto.
El resultado de las cuentas de la Ciudad durante el Gobierno de Mauricio Macri fue fuertemente deficitario, salvo en el 2010 en que apenas se superó el equilibrio:


Acá vale la pena despejar un argumento reiterado por parte del macrismo respecto del financiamiento nacional. Teniendo en cuenta los fuertes aumentos de impuestos y tasas por parte del Gobierno de la Ciudad durante los últimos años (ABL por ejemplo), los ingresos provenientes de la Coparticipación Federal de Impuestos se han mantenido estables en relación a los recursos de la Ciudad:


¿Qué se hizo con la deuda? 

El Gobierno de Macri contó con más recursos para gastar provenientes de tres fuentes: crecimiento económico, aumento de impuestos y tasas y crecimiento de la deuda.


Lo que nos muestra este gráfico es el porcentaje de inversión en obras y equipamiento de un periodo que abarca los siete años de gobierno de Macri y los tres años anteriores. La línea de arriba indica el total. Como se puede observar, no ha habido un salto en la inversión acorde a lo que dijo Grindetti en su presentación ante la Legislatura. El promedio para los años de gestión macrista es apenas unas décimas más alto que el de los tres años anteriores: 16,18% contra 15,80%. Esto significa que de cada 100 pesos extra obtenidos por la dinámica de crecimiento, aumento de impuestos y deuda que mencionábamos más arriba terminó en aproximadamente un 85% alimentando el gasto corriente del Gobierno de la Ciudad.
La línea inferior lo grafica de otra manera, mostrando que el nivel de inversión financiado sin deuda se acercó en algunos ejercicios al 4,54% de inversión que hubo en el año 2002, cuando a duras penas la Ciudad logró pagar los salarios sin recurrir al uso de cuasimonedas.

El carro delante de los caballos

Lo que mostramos hasta ahora indica un aumento muy fuerte de la deuda en dólares que sirvió para financiar mayormente gasto corriente. Primer problema: si la deuda financia gasto corriente, la Ciudad se vuelve más vulnerable a las crisis que puedan afectar el financiamiento público.
La dinámica del endeudamiento de estos años ha mostrado en forma bastante clara la voluntad de tomar deuda y luego decidir su uso. Un ejemplo claro ha sido el endeudamiento que se tomó en 2010 para extender las líneas de Subte: 300 millones de dólares al 12,5% de interés anual (la Ciudad prácticamente dejó de atender la expansión de la red con recursos corrientes no afectados específicamente para reemplazarlos por endeudamiento y así y todo tuvo dificultades muy serias para ejecutar los recursos):


Como se puede observar, al cambio del momento esos 300 millones de dólares significaron un ingreso de algo más de $ 1.175 millones que se demoró cuatro años en gastar. El primer año, de hecho, se pagaron intereses por casi la misma cifra que se utilizó, y mientras SBASE no recibía el dinero la Ciudad depositaba los fondos a plazo fijo en pesos generando pérdidas millonarias.

Un ejemplo más concreto del ingreso de endeudamiento para invertirlo en condiciones ruinosas quedó documentado en el Informe de Auditoría 4.12.04, que detalla el estado de la caja del Gobierno de la Ciudad al cierre del 2011. A esa fecha, la Ciudad tenía colocados $ 373 millones en letras del tesoro:


Por estas letras de corto plazo, la Ciudad pagaba un promedio de tasa del 19,31%:


Mientras tanto, a la misma fecha, se habían colocado $ 300 millones a plazo fijo:


Como se puede observar, entre el 19 y el 29 de diciembre del 2011 la Ciudad constituyó seis plazos fijos a tasas muy inferiores que las que pagaba por las Letras del Tesoro, llegando en la mitad los casos a obtener rendimientos de apenas un tercio de las tasas que pagaba por las letras.

Deuda a la basura

Otro ejemplo, que además costó a los funcionarios una denuncia penal, tiene que ver con el pedido de autorización cursado a la Legislatura en 2013 para colocar 260 millones de dólares para la construcción de una Planta de Tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos y para el acondicionamiento de las existentes y de los Centros de Transferencia de residuos.
Poco más de la mitad de esos 260 millones, 146, se colocaron el 22 de enero del 2014, en plena devaluación, con un dólar a $ 7,14. Al día siguiente el dólar pasó a valer $ 8, lo que significó una pérdida para la Ciudad de 17 millones de dólares en 24 horas.
En la ampliación aprobada en junio de 2014 se destinaron 1.312 millones de pesos de esta deuda para darle un anticipo financiero a los adjudicatarios del nuevo contrato de higiene urbana para que puedan comprar camiones. El resto, 772 millones, se usó para financiar el incremento del déficit resultante de la ampliación presupuestaria, es decir, para gastos corrientes.

El peso de la deuda

Este último ejemplo, en el que un grupo de avispados utilizó las cuentas de la Ciudad para hacerse de un seguro de cambio en plena devaluación, da pie a que pensemos en cómo medir el aumento de la deuda del que hablamos al principio. Para un distrito que no incide en la formulación de la política monetaria ni genera recursos en moneda extranjera, lanzarse al financiamiento con instrumentos como los bonos dolar línk puede ser muy riesgoso.
Es así que al cierre del año 2014 el 99% de la deuda estaba nominada en moneda extranjera o atada a su valor (hay una pequeña reducción del porcentaje en el curso del 2015 producto de la colocación de letras a corto plazo y de bonos en pesos). Eso hace que la devaluación del peso impacte fuertemente en el stock de deuda de la Ciudad: la deuda medida en pesos saltó entre el 2013 y 2014 de $ 11.929 millones a $ 18.461 millones.


Como se puede observar, hay un importante deterioro de la relación entre deuda e ingresos en los últimos tiempos, que además, si se produjera una devaluación en línea con la que los economistas del macrismo están dejando entrever en caso de ganar la elección nacional, sería bastante peor, más allá de que se trata de una relación bastante cómoda: los intereses de la deuda, en el 2007 representaban el 1,29% de los gastos, en el 2014 alcanzaron el 1,86%.
Para cerrar, dejo otro gráfico para poder medir un poco mejor la carga de la deuda: el perfil de intereses:


Como se puede observar, el perfil de vencimientos es de corto plazo y con especial impacto en años electorales (nótese que en años electorales lo lógico es que un gobierno tenga mayores necesidades a la hora de negociar nuevo endeudamiento para cumplir con los vencimientos).
En definitiva, Macri tomó una Ciudad desendeudada a la que le imprimió una política de endeudamiento fuertemente atada a la moneda extranjera, de corto plazo y que sirvió para financiar gastos corrientes (que por definición son más difíciles de cortar coyunturalmente). Si bien la relación deuda ingresos sigue siendo bastante razonable, los vencimientos se acumulan a corto plazo especialmente en años electorales y por la moneda en que está nominada la deuda la Ciudad es especialmente vulnerable al resultado de una devaluación del peso como la que Macri seguramente realizará en caso de llegar a la presidencia.


lunes, 21 de octubre de 2013

Fruta de temporada (electoral)



En el minuto 20 de este fragmento del debate del miércoles pasado Michetti dice: 
"Nuestro Gobierno es un Gobierno que respeta tanto el recurso público de la gente que logramos en estos años, en seis años, hacer que del 3% de la inversión en infraestructura pasara a ser el 23%”
 La afirmación es falsa por donde se la mire. Michetti exagera enormemente el punto de partida y el punto de llegada de su afirmación:


La inversión pública, que ya rondaba el 15% del gasto total de la Ciudad cuando Macri llegó al Gobierno, se mantuvo en torno a ese porcentaje durante todo el Gobierno de Macri, con la excepción del 2008, año en que fue superior. Pero no estuvo ni cerca del 23%.
Es bastante habitual que los funcionarios y dirigentes del PRO confundan los objetivos que enuncian con lo que finalmente hacen. Una buena política de comunicación, y una enorme cobertura mediática (que hizo correr ríos de tinta para señalar un error que tenía un cuadro de Filmus, aunque el error no invalidaba para nada la afirmación respecto de que Michetti y Pino Solanas no suelen estar presentes en el recinto de la Cámara de Diputados cuando se votan las leyes), hacen el resto.
Decía el hoy Ministro de Economía de la CiudadNéstor Grindetti, antes de asumir su cargo, en su segunda visita a la Legislatura, en el marco de las reuniones para aprobar el Presupuesto 2008, el 23 de noviembre de 2007:
"la inversión no ha sido para nada ambiciosa en estos años. El promedio de estas columnas prevé una inversión del orden del 11.5 por ciento respecto del gasto desde el año 2000 hasta el 2007. La administración actual proponía un 14 por ciento y nosotros pensamos llevarla al 22.9 por ciento respecto del gasto. Esta situación claramente ha generado en la ciudad lo que me parece que corresponde llamar “pasivo de infraestructura"
Grindetti mismo afirmaba en esa oportunidad que se podía financiar un 14% de la inversión con recursos propios y que hacía falta endeudarse para dar un saltito más. Algo que como comento en la nota hicieron el primer año (aunque no muy cerca de la meta) y luego nunca más repitieron. 
Una enorme proporción de la deuda terminó financiando gasto corriente. Con la única excepción del año 2008, el mayor endeudamiento sólo sirvió para mantener el nivel de inversión en torno al 15%, algo que ya se venía logrando desde el año 2005 sin endeudarse. Es decir, de cada 100 pesos adicionales con los que contó el Gobierno de Macri por aumentos de impuestos, por la propia dinámica del crecimiento económico y, fundamentalmente, por un aumento del stock de deuda en torno a los 900 millones de dólares, 85 pesos fueron a parar a gastos corrientes.
Porque sin la parte que se financió con endeudamiento, en 2009, 2010 y 2012 la inversión hubiera sido apenas el 6% del total de gastos.
En muchos casos, las emisiones terminaron depositadas a plazo fijo recibiendo un interés marcadamente menor al que se pagaba por los créditos
El 97% del stock de deuda está en moneda extranjera o atado a su valor. Me imagino que conocen el impacto que tendría en esas cuentas una devaluación del 40%, como propone el candidato que acompaña a Michetti desde la lista de Diputados Nacionales para estas elecciones, Federico Sturzenegger.
Pero Gabriela no lo puso en un cuadrito. Que siga el baile.

jueves, 19 de septiembre de 2013

La ejecución, al ritmo de la campaña


Anduve echando un vistazo a la ejecución presupuestaria (la plata que se lleva gastada del Presupuesto aprobado por la Legislatura para todo el año) correspondiente al segundo trimestre de 2013, publicada por el Ministerio de Hacienda de la Ciudad en la página web del Gobierno local.
A esta altura no vamos a mostrar resultados de gestión muy distintos de lo de siempre: bajo porcentaje de ejecución en inversión social, mientras que lo relacionado con el maquillaje de la Ciudad, con el gasto en publicidad y en los contratos y transferencias vinculados a actores privados muestra una tendencia a una fuerte sobreejecución. Les dejo algunos datos que surgen de la ejecución del segundo trimestre:

Inversiones de Campaña:
  • De los $ 221 millones que tiene el Jefe de Gobierno para gastar en publicidad a través de la Secretaría de Comunicación Social, al 30 de junio ya había gastado el 66,58%: $ 147 millones.
  • El arreglo de veredas tiene una ejecución del 95,05% ($ 79 millones sobre $ 84 millones).
  • El cuidado y puesta en valor de espacios verdes lleva una ejecución del 65,96% ($ 213 millones sobre $ 329 millones).
  • La Dirección General de arbolado ejecutó el 75% de su presupuesto ($ 30 millones sobre $ 40 millones).
  • El bacheo y asfaltado que realiza el Ente de Mantenimiento Urbano integral tiene una ejecución del 93,59% ($ 355 millones sobre $ 379 millones).
Respecto de temas de fondo, la ejecución es mucho más baja:
  • El Ministerio de Salud lleva ejecutado el 29,53% del presupuesto para construcciones ($ 118 millones sobre $ 401 millones) y sólo el 10,45% del presupuesto para equipamiento ($ 14 millones sobre 135 millones).
  • El Ministerio de Educación ejecutó el 13,93% del presupuesto para equipamiento. La Dirección General de Infraestructura y Equipamiento del Ministerio de Educación ejecutó el 30,78% de su presupuesto ($ 79 millones sobre $ 256 millones).
  • Del dinero destinado al subterráneo ($ 1.859 millones), se ejecutó el 34% ($ 637 millones).
  • La Policía Metropolitana ejecutó el 40% de su presupuesto, pero solamente invirtió el 0,57% del presupuesto para la construcción de nuevas comisarías ($ 89.000 sobre $ 15,5 millones) y el 19,09% del presupuesto destinado a equipar a la fuerza en la primera mitad del año.
  • Las obras para los arroyos Vega y Medrano no tienen presupuesto. El Programa de Desarrollo de la Infraestructura de la Red Pluvial , con el que se planea hacer sólo 160 metros de desagüe en todo el año, tiene una ejecución del 22,42% ($ 6,6 millones sobre $ 29 millones).
  • El Instituto de la Vivienda ejecutó el 31,12% de su presupuesto ($ 236 millones sobre $ 760 millones).
Otros datos importantes de la ejecución
  • Los contratos de recolección de basura a través de empresas privadas tienen una ejecución del 52,73% ($ 1.238 millones sobre $ 2.347 millones).
  • La deuda de la Ciudad pasó de $ 7.056,5 millones al cierre del 2012 (sin contar deuda flotante) a $ 9.204,6 al 30 de junio del 2013 (un 30,44% más). La deuda nominada en moneda extranjera o atada a su valor (bonos dólar linked) es el 97% del total.
  • Las transferencias a escuelas privadas tienen una ejecución del 55,63% ($ 903 millones sobre $ 1.623 millones).
Imagen: web del GCBA

jueves, 12 de enero de 2012

Aumento de la tarifa del Subte: algunos números

 Imagen: Red de Subtes - Metrovías

La decisión del Gobierno de la Ciudad, pocos días después de hacerse cargo del Subte, de subir la tarifa de $ 1,10 a $ 2,50 ha generado una serie de polémicas. Me parece importante aportar a la discusión a partir de algunos números que tienen que ver con los niveles de subsidio e inversión, para luego dar algunas opiniones al respecto.

Tarifa y subsidio

Determinar el nivel actual de subsidio es un tanto complejo en la medida en que no existe una fuente certera respecto de la cantidad de pasajeros por año que transporta el subte. La cuenta, teniendo ese dato, sería relativamente sencilla: basta dividir el monto anual de subsidio (fijado en el acuerdo de transferencia del servicio de la Nación a la Ciudad en $ 720 millones) entre la cantidad total de viajes para poder determinar el nivel promedio de subsidio que recibe cada viaje.
Ahora bien, ¿de dónde sacamos un numero de viajeros anuales para hacer la cuenta? La revisión de artículos periodísticos nos da cifras muy disímiles, incluso dentro de un mismo artículo. A modo de ejemplo, podemos citar un artículo de Clarín que casualmente Metrovías colgó en su página web: se consigna que la cifra de pasajeros en octubre del 2010 ya superaba el millón y medio por día tomando en cuenta sólo los días hábiles. No obstante, se afirma que la cifra total de pasajeros en 2009 había sido de 289 millones, cifra muy por debajo de los 367 millones de pasajeros que habría que totalizar si tomáramos solamente los días hábiles de un año y los multiplicáramos por 1,5 millones.
Alguna fuente de SBASE acercó un número a partir del cual se podría hacer la cuenta, que surgiría de multiplicar 1,3 millones por 330 días. En ese caso tendríamos 429 millones de pasajeros al año. Otra opción podría ser tomar la cifra de la empresa que en su página web se publicita como la encargada de la concesión del 95% de los espacios publicitarios en el Subte: según VíaNews la cifra promedio por día es de 1.267.415 (una cifra bastante precisa pareciera), lo que multiplicado en este caso por los 365 días del año nos da poco más de 462 millones de viajes.
Es decir, tomando las últimas dos cifras, el subsidio promedio sería:
$ 720.000.000 / 429.000.000 viajes =  $ 1,68
$ 720.000.000 / 462.000.000 viajes = $ 1,56

Es decir, el costo del boleto sin subsidio estaría entre los $ 2,66 y $ 2,78, pero habida cuenta que en el acuerdo de transferencia la Nación continuará transfiriendo el 50% del monto de subsidios durante el 2012, si la Ciudad decidiera no subsidiar ni con un centavo el boleto del Subte el precio debería oscilar entre $ 1,88 y $ 1,94, cifras que se encuentran bastante lejos de los $ 2,50 que se determinaron a partir de la semana pasada.

Aprovechar el momento

¿Por qué entonces se decide un valor de boleto tan superior al que debería determinarse si no se subsidiara el boleto? La razón radica en el texto del acuerdo firmado por la Nación y la Ciudad: si bien en un primer momento la oferta de la Nación fue mantener el 50% de los subsidios en la medida en que la Ciudad pusiera su parte, finalmente dicha condición no sólo desapareció sino que se abrió la puerta para que la Ciudad destine los fondos de esas transferencias a cualquier otra cosa. El texto, en su cláusula tercera, indica que "en caso de que durante el año calendario de 2012 se verificaran reducciones de necesidades de subsidios, los remanentes resultantes deberán ser aplicados a inversiones específicas en el servicio" (la negrita es mía).
Aquí radica una de las principales razones en el apuro para aumentar la tarifa. Cuanto más alto sea el valor del boleto y cuanto antes se aumente, menor necesidad de volcar subsidios al servicio, con lo que de los $ 360 millones que recibirá la Ciudad se podrían destinar a "inversiones específicas en el servicio" entre $ 200 millones y $ 250 millones.

¿Inversiones?

Dirá el lector que encuentra alguna contradicción entre el "deberán" de la cláusula del acuerdo y mi afirmación en el sentido de que la plata va a ir a para a cualquier otra cosa. Paso a explicar.
La Ley de Presupuesto 2012 prevé $ 1.178.325.200 para SBASE, y el Plan Plurianual de Inversiones de la Ciudad especifica la fuente y el destino de los fondos para cada una las obras de Subte en marcha. Según el Plan de Inversiones cerca de la mitad de esos fondos provienen de fondos del Tesoro, mientras que aproximadamente 237 millones tienen origen en el porcentaje que merced a la ley 23.514 se cobra en patentes y ABL y el resto provendrá de endeudamiento.
En definitiva, como los fondos del Tesoro pueden ser movidos hacia otros destinos (la ley de Presupuesto otorga al Jefe de Gobierno amplias facultades para mover partidas), en la práctica la totalidad del ingreso por las transferencias del Estado Nacional podría terminar siendo aplicado al arreglo de plazas y veredas, por ejemplo. 
Para poder avanzar en alguna conclusión en este sentido, se puede recurrir a lo que ha sido la gestión del PRO en materia de Subtes. Muy lejos de la promesa de la campaña de 2007 (10 km. por año), y según el detalle publicado por la página enelsubte.com, Macri apenas construyó en su primer mandato 5,49 kilómetros, un poco por debajo de los 5,51 km. construidos por De la Rúa-Olivera y cerca de la mitad de los 10,71 kilómetros construidos durante la gestión de Aníbal Ibarra (Telerman sumó apenas un kilómetro a la red durante sus dos años de gobierno). Todo esto en medio de presupuestos en niveles récord gracias a una combinación de crecimiento de la economía a altas tasas, mayores impuestos y más endeudamiento.


El gráfico nos muestra cómo, a pesar del contexto arriba descripto, la inversión en subtes respecto del total del presupuesto se ha mantenido bastante estable en torno al 2% del gasto total durante el periodo 2001-2007 (incluso en los peores momentos de la crisis económica de principios de siglo). Cabe mencionar que en función de lo que establece la ley 23.514 (un plus sobre el pago de patentes y ABL que se puede observar en las respectivas boletas), la Ciudad debe destinar lo recaudado obligatoriamente al subte, pero en casi toda la década la inversión fue superior, con la excepción del año 2009 en que prácticamente se destinó al Subte nada más que lo recaudado en función de dicha norma.
Cuando observamos la ejecución del presupuesto durante el periodo del gobierno del PRO, tenemos que el mejor año fue el de 2008, cuando de un presupuesto de $ 265 millones se terminó ejecutando casi $ 350 millones (se incluyen $ 75 millones que se pagaron a fin de año como anticipo financiero a las empresas Roggio y Dycasa por obras que pocos días después del pago se decidió suspender). Ese año se invirtió bastante por encima de lo recaudado por la ley 23.514 ($ 116 millones según la AGIP), pero lo cierto es que a diferencia de años anteriores en los que la Ciudad había invertido al mismo tiempo en que se reducía la deuda, en el 2008 la deuda creció en un $ 950 millones.
En el 2009 se paralizó la ampliación de la red. Como dijimos más arriba, se decidió no invertir fondos del Tesoro por encima de obligado por la Ley, recortando brutalmente el presupuesto asignado por la Legislatura ($ 447.509.495 de los que sólo se ejecutaron $ 145.727.363,34). Eso a pesar de que la deuda de la Ciudad creció en otros $ 1.200 millones ese año.
En el año 2010 Macri obtuvo el tan mentado "financiamiento". Colocó deuda en el mercado internacional por u$s 300 millones para hacer subtes a la bonita tasa del 12,5% anual, para concluir invirtiendo ese año $ 437 millones de los que $ 150 millones provenían de la ley 23.514. Es decir, se endeudó por 300 millones de dólares a una tasa del 12,5% y se utilizaron menos de 300 millones de pesos.
Si a esto le sumamos que en el año 2011 se había ejecutado al tercer trimestre la suma de $ 440 millones y que por ley 23.514 la Ciudad presupuestó un ingreso de $ 172 millones por ese concepto, en casi dos años no se terminó de utilizar ni la mitad de un préstamo que cuesta en intereses u$s 37,5 millones por año (cifra cercana a la totalidad de la recaudación por ley 23.514, además).
Con este panorama, es verdaderamente muy difícil creer que el presupuesto 2012 será ejecutado en forma tal que se necesiten $ 200 millones adicionales para obras. Más aún, es muy probable que buena parte de esas inversiones que hoy figuran en el presupuesto 2012 financiadas con fondos del Tesoro se terminen pagando también con parte del crédito si la ejecución del 2011 no alcanza el 100% (por lo pronto, y como anticipamos el año pasado, se publicitó durante la campaña la inauguración en noviembre de 2011 de estaciones que aún no se terminaron). En definitiva, entre la subejecución del 2011 y el cambio de destino de los subsidios a transferencias, Macri espera liberar el uso de gran parte de los $ 500 millones que hoy deberían financiar inversiones en el Subte con fondos del Tesoro.

Una política de transporte

En medio de todo esto, ni una referencia a qué política de transporte pretende la Ciudad. El debate ha girado sobre tópicos como el precio justo del servicio y la capacidad de pago de los usuarios, y se ha recurrido a absurdas comparaciones de precios con ciudades de distintos niveles de ingreso y por sobre todo, enorme diferencia en la calidad del servicio: el Subte de Buenos Aires es de los pocos que no cuentan con un solo coche con aire acondicionado (todo un detalle subir el precio del boleto cuando en los vagones hace 50º), las frecuencias son muy malas y el servicio termina alrededor de las 23 horas (por citar algunas cuestiones, hay blogs que se dedican a detallar todas las peripecias de los usuarios).
Las comparaciones con otros lugares del mundo y lo que se paga no tienen en cuenta, además, que en donde el Metro funciona bien suele haber esquemas tarifarios diferenciados, donde el valor del boleto difiere sustancialmente de lo que se paga si se compran 10 tickets juntos y ni hablar si se compra un abono mensual (que además de permitir viajes ilimitados en Metro suele permitir combinar las veces que se quiera con autobuses o trenes del área en cuestión).
Es así, por ejemplo, que el Metro de Madrid cuesta 2 Euros, pero se puede pagar un boleto de 10 viajes (combinable con autobuses) a sólo 9,50 Euros (menos de la mitad de valor cada boleto) o comprar un abono mensual que arranca en 47,60 Euros y permite viajar las veces que se quiera en una variedad de transportes.
Fijar un boleto, nos parezca justo o no el precio, en el doble de lo que cuestan colectivos (que en algunos casos cuentan incluso con aire acondicionado) no parece ser parte de una política razonable de transporte. Proponer invertir más de $ 1.000 millones en un año para tener una política tarifaria que oriente la demanda hacia el transporte de superficie no tiene demasiado sentido.
Es bueno el argumento de que hay que subsidiar a la demanda y no a la empresa. Miles de usuarios habituales, que realmente necesitan el servicio para ir a trabajar y estudiar (hay abonos para algunos estudiantes por contrato de concesión), deberían ser destinatarios de un abono mensual a precio ventajoso (podría ser en torno a $ 45 o $ 50 mensuales), subsidiado por el Estado. Incluso debería trabajarse en conjunto entre la Ciudad y Nación para aprovechar la infraestructura del SUBE y permitir abonos que sirvan para combinar subtes, trenes y colectivos, de forma de favorecer especialmente a quienes viajan hasta cuatro horas al día para recorrer la distancia entre su casa y el trabajo.
Más allá de que todo apunta a que la Ciudad no tiene la menor intención de subsidiar a nadie, que Metrovías haya repartido recientemente dividendos por $ 150 millones (sin contar lo que gana a través de empresas que controla y subcontrata) nos tiene que hacer replantear no sólo el esquema de subsidios sino el fondo del problema, lo que importa un aprendizaje respecto de las políticas de los '90: pensar que el Estado es tan ineficiente y corrupto como para que sea más conveniente subsidiar $ 150 millones de ganancias a un privado tiene un trasfondo ideológico inobjetable. En todo caso, si es ineficiente y corrupto para hacerse cargo de un servicio que en casi dos décadas de privatización ha empeorado (a pesar de los esfuerzos del Estado por extender la red), ¿por que va a ser eficiente y honesto para subsidiar y controlar?

martes, 6 de septiembre de 2011

Nuevo endeudamiento para la Ciudad


Dos razones me inclinan a escribir este post: la primera de ellas, entregar algunos datos sobre la evolución y el estado actual de la deuda de la Ciudad en el marco de un nuevo pedido de endeudamiento que la Legislatura probablemente apruebe esta misma semana. La segunda, analizar el impacto de la política de endeudamiento llevada adelante por la gestión Macri en la inversión pública, específicamente en obras de infraestructura. Este segundo punto me parece muy importante por algo que ya comenté en una nota anterior sobre la política de endeudamiento del PRO, y que tiene que ver con las posibilidades de sopesar una gestión de gobierno.
 El cuadro que muestra esta nota está en pesos, e incluye la denominada deuda flotante (pagos que quedan pendientes a los proveedores al cierre del ejercicio). Si bien la existencia de una deuda flotante es normal (no todos los certificados que se presentan sobre fin de año pueden ser pagados antes del 31 de diciembre), retrasarse en el pago a provedores también es una forma de financiarse, y como en algún momento lo hemos comentado, la actual gestión lo ha hecho cuando encontró dificultades para colocar endeudamiento a través de títulos públicos, como ocurrió en 2008. Hecha la aclaración, y dado que esta forma de mostrar la deuda puede ser engañoso dado el aumento de los recursos de la Ciudad, pasamos al siguiente cuadro, que muestra la evolución de la deuda respecto de los ingresos totales de la Ciudad para el ejercicio siguiente (el cálculo 2011 está tomado del vigente en la ejecución del segundo trimestre):


Como se puede observar, tras el fuerte aumento de la carga de la deuda producido por la devaluación (2002), el índice fue mejorando paulatinamente hasta el año 2007, justamente antes del inicio de la gestión de Mauricio Macri, y a partir de ahí comienza a empeorar. De la mano de este deterioro, podemos observar un aumento de la carga del servicio de la deuda en aproximadamente un punto respecto del gasto total. Eso sin contar el costo financiero de demorar pagos a provedores, mucho más difícil de cotejar y que se termina trasladando al precio de las obras y servicios que contrata la Ciudad. 
Si bien no se trata de un resultado catastrófico, es importante observar cómo ha influido ese crecimiento de la deuda (realizado en un contexto de altas tasas de crecimiento económico y de aumento de los recursos tributarios y no tributarios de la Ciudad) en la inversión pública.

Política de endeudamiento


La política de endeudamiento fue explicitada y justificada por el Ministro de Hacienda, Néstor Grindetti, aún antes de asumir su cargo, en su segunda visita a la Legislatura en el marco de las reuniones para aprobar el Presupuesto 2008. Decía Grindetti el 23 de noviembre de 2007:  
la inversión no ha sido para nada ambiciosa en estos años. El promedio de estas columnas prevé una inversión del orden del 11.5 por ciento respecto del gasto desde el año 2000 hasta el 2007. La administración actual proponía un 14 por ciento y nosotros pensamos llevarla al 22.9 por ciento respecto del gasto. Esta situación claramente ha generado en la ciudad lo que me parece que corresponde llamar “pasivo de infraestructura”.
Más allá de lo poco atinado que parecía entonces elaborar un promedio que incluyera los peores años de la crisis con la que nuestro país encaró el comienzo del milenio, parece un buen punto de partida para analizar el destino de los casi $ 4000 millones en los que aumentó la deuda de la Ciudad en este periodo de Gobierno. Vale decir, para comenzar, que la cifra del 22,9% sobre el total del gasto ha estado hasta ahora muy lejos de ser alcanzada por la gestión Macri: 


Lo que muestra este cuadro es que con la excepción del año 2008, la Inversión Real Directa sobre el total del gasto de la Ciudad (el indicador que utilizó Grindetti en 2007), no ha superado en 2009 y 2010 ni siquiera el porcentaje del 2005, ni hablar del del 2006, aunque habida cuenta que en el 2007 se terminó liquidando el Fondo Anticíclico que la Ciudad había formado durante la gestión de Aníbal Ibarra, tal vez podría aducirse que en el número de ese año hay un impacto de obras lanzadas sobre la base de contar con dicho financiamiento extra. Por este motivo, y teniendo en cuenta que en una reciente reunión de la Comisión de Presupuesto el Subsecretario Eglez tomó como referencia el 2005 para hablar de ejecución presupuestaria, tomaremos ese año 2005 como referencia para el análisis que sigue.
Comencemos tomando la diferencia entre el año 2008 y 2005 para ver qué fue lo que se financió con el aumento de la deuda de ese año (aproximadamente $ 950 millones). Los 3,5 puntos de mejora en la relación de inversión del 2008 son muy pobres respecto del aumento del endeudamiento durante ese año: a números del 2008, el 3,5% del gasto es menos de $ 500 millones, y el stock de deuda cerró ese año en $ 3687 millones contra los $ 2722 del año 2007.
Lo que se puede observar en los cuadros es que el aumento de la deuda en $ 4.000 millones no redundó en un crecimiento de la inversión sino que impactó de lleno en el gasto corriente. Dicho de otra manera, al mantenerse la relación de la inversión respecto del gasto, cada 100 pesos que la Ciudad tomó como deuda, apenas 15 se destinaron a inversión. Aproximadamente el 85% terminó financiando gastos corrientes.

En el año 2009 la Inversión cayó en términos nominales a pesar de que el gasto total de la Ciudad pasó de $ 12.777 millones a $ 15.093 millones. La Ciudad invirtió $ 187 millones menos que el año anterior, ya que la cifra de inversión pasó de los $ 2.519 millones referidos más arriba a $ 2.332 millones. La deuda, por su parte, creció en $ 1.191 millones.
En el 2010, por su parte, con la deuda creciendo en $ 1981 millones, la inversión llegó a los $ 2.926 millones, apenas $ 594 millones más que el año anterior, con un gasto total que alcanzó los $ 19.952 millones.
Veámoslo de otra forma. Supongamos que hubiese sido cierta la excusa del Jefe de Gobierno respecto de que la Nación le impidió el acceso a financiamiento y que la deuda no se hubiera podido aumentar. Veamos el siguiente cuadro, en el que restamos de la cifra destinada a la inversión (y por ende también del gasto total), el aumento de la deuda neta a lo largo del periodo 2005-2010:


¿Qué nos muestra este cuadro? Que lejos de lo afirmado por Grindetti, la política de endeudamiento no sirvió para aumentar la cantidad de dinero destinado a obra pública sino apenas para sostener los niveles de inversión en cifras cercanas a la del 2005, en el que la deuda de la Ciudad aumentó apenas en $ 84 millones. Lo más preocupante es que en un contexto de aumentos de impuestos, crecimiento económico y venta de activos la Ciudad destina cada vez menos de sus recursos propios a la inversión pública, alcanzando cifras de inversión similares a los de la crisis de principios de la década. Como correlato de ello, el aumento de la carga de los servicios de la deuda dejará en el futuro menos recursos disponibles para obras, y el peso del gasto corriente deja a la Ciudad en una situación de vulnerabilidad muy grande respecto de la aparición de una nueva crisis económica.
En este marco es que se pretende aumentar aún más el endeudamiento de la Ciudad, ya que si bien este año hay que desembolsar una cifra muy elevada en amortizaciones, los u$s 500 millones que la Legislatura ha de autorizar esta misma semana superan con creces lo que hay que pagar.
Se hace difícil no sucumbir a la tentación de hacer hoy las obras que vamos a disfrutar en el futuro (aunque en el paquete de endeudamiento se destinan $ 165 millones a obras de bacheo y veredas que difícilmente duren más tiempo que el plazo de amortización del préstamo). Lo cierto es que el endeudamiento no ha significado un salto en términos de inversión como se pretendía en 2007.
Resulta imposible pensar que en el futuro la Ciudad no va a necesitar dinero para hacer obras. En momentos en que se discute cómo se financia el Estado a nivel global y la Nación lleva adelante una política de desendeudamiento que permite dotar de solidez a las cuentas públicas para llevar adelante políticas que inyecten recursos en la economía cuando aparecen crisis económicas, la Ciudad ha recorrido un camino inverso, un camino que termina en un fuerte ajuste del gasto público si sobreviene una crisis. Una receta conocida, con resultados conocidos.

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