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miércoles, 30 de noviembre de 2011

El negocio de la Verificación Técnica


El 21 de diciembre de 2006 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sancionó la Ley 2265, que establecía la Verificación Técnica Vehicular Obligatoria (VTO, según la sigla que se adoptó entonces). Promulgada casi un mes después, va camino a cumplir 5 años sin implementarse.
Cualquiera pensaría que se trata de una demora del Poder Ejecutivo, de alguna ineficiencia en ponerla en marcha por parte de las administraciones Telerman y Macri, pero la verdadera razón fue la inclusión de un artículo en la ley que decía:
Artículo 23º.- Beneficio por Responsabilidad. El usuario que efectúe la primera Verificación Técnica de su vehículo dentro de los plazos fijados en el artículo 15 de la presente ley y durante el último mes de vigencia de las restantes obtendrá, en beneficio, el reintegro de la totalidad del precio de la Verificación Técnica Obligatoria (VTO), siempre que presente constancias de libre deuda de patentes al momento de la verificación o tenga plan de facilidades al día. A ese fin, el Poder Ejecutivo implementará el procedimiento que facilite la sustanciación de este beneficio.
Sin perjuicio de lo enunciado en el párrafo anterior, la Verificación Técnica Obligatoria (VTO) de aquellos vehículos comprendidos en el inciso 5 del artículo 256 de la Ley N° 1.543 y sus modificatorias y de aquellos cuyos propietarios sean jubilados o pensionados de cualquier caja del país que cobren el haber mínimo será gratuita, siempre que la misma sea efectuada dentro del plazo indicado en el artículo 15 en ocasión de la primera verificación o dentro del último mes de vigencia de la misma. (la negrita cursiva es mía)
La traducción de este texto es bastante sencilla. El costo de la Verificación Técnica no recaería en quienes tengan sus pagos de patente al día, y en esos casos el pago lo tendría que hacer el gobierno.
Hablamos, a números de hoy, de una combinación de costo y parque automotor que llevaría a un negocio anual de entre $ 300 millones y $ 400 millones. En este punto, la pregunta esencial sería ¿no justifica el que el gobierno se haga cargo del costo si la solución propuesta es efectiva? Pues bien, por algún motivo durante los últimos cinco años se consideró lo contrario.
Fue el propio Jefe de Gobierno el que recientemente reconoció que este artículo era el único obstáculo para poner en marcha la ley. Lo hizo al presentar un proyecto que solamente encaraba la modificación de esa parte resaltada en negrita (acompañando la propuesta de pliegos de licitación), y que llevó el número de expediente 524-J-2011. El nuevo artículo 23º decía:
"Artículo 23º: Beneficio por Responsabilidad. La Reglamentación podrá establecer beneficios arancelarios a favor de aquellos usuarios que realicen la verificación, en tanto esta se efectúe dentro de los plazos fijados en el artículo 15º de la presente ley y durante el último mes de vigencia de las restantes Verificaciones Técnicas Obligatorias"
El despacho conjunto de las Comisiones de Obras Públicas y Tránsito, para no ser menos, simplemente optó por eliminar el primer párrafo del artículo 23º. Ahora, el costo irá definitivamente a los dueños de los automóviles patentados en la Ciudad.

Razones de peso(s)

¿Es la VTO un remedio efectivo contra los llamados accidentes de tránsito? ¿Es la forma más eficiente de invertir entre $ 300 millones y $ 400 millones para evitarlos? Francamente, me cuesta creer que sea así. La negativa a implementar la ley mientras representara algún costo para la Ciudad me da a entender que para los gobernantes tampoco lo sea.
Es necesario conocer en qué medida impactan en la cantidad de accidentes de tránsito las conductas más habitualmente desaprensivas de los conductores. Las más importantes, como la violación de la luz roja, el exceso de velocidad (o su contrario, circular por debajo de la mínima), cruzar barreras bajas, estacionar en ochavas, transitar las banquinas de las autopistas en caso de embotellamiento, no utilizar luces reglamentarias (aún cuando estas funcionen correctamente), no usar el casco en caso de los motociclistas, no respetar a los peatones, y una innumerable serie de etcéteras no tienen absolutamente nada que ver con el Estado de los vehículos sino con decisiones tomadas por personas.
A tal punto es la confusión que no pocas veces escuchamos o leemos que a los automóviles se les asignen conductas ("el auto invadió el carril correspondiente a los colectivos" o "los autos no respetan nada"). El ejemplo de la foto que encabeza el post es suficientemente gráfico: tan sólo a la vista, el coche carece de paragolpes, la patente no está en el lugar correcto, las luces están rotas (y apagadas, en una autopista), los ejes del coche no se ven alineados y los neumáticos están excesivamente gastados.
La culpa, amigos, no es del Renault 19, ni de quienes lo fabricaron. La culpa es de quien lo conduce. Lo más importante, es que no hay que hacer un gran esfuerzo para encontrar ejemplos como este. Los vemos a diario, y verdaderamente no hace falta solicitar una VTO para detener ese vehículo y sancionar a su chofer.
La gran mayoría de las infracciones que generan choques fatales tienen que ver con una insuficiente educación vial, con la falta de respeto por el otro y con un sistema punitivo destinado más a recaudar que a generar conciencia. Es fundamental, en este sentido, hacer una relación entre los distintos componentes de los accidentes de tránsito y la inversión pública destinada a resolver esta cuestión.
$ 400 millones son mucho dinero. Se trata de una cifra que supera largamente lo que la Ciudad gasta en publicidad (y dentro de esa publicidad el contenido orientado a seguridad vial es más bien marginal). Supera también lo que se destina a controles de tránsito (el presupuesto 2012 destina alrededor de $ 70 millones al Cuerpo de Agentes de Tránsito, por ejemplo).
No es cuestión de salir a matar mosquitos con una ametralladora. En este caso, lo que se está haciendo es lo mismo. O en realidad, lo que se está haciendo es garantizar un jugoso negocio.

martes, 19 de julio de 2011

Escrutino Definitivo de las Elecciones del 10 de julio - Ciudad de Buenos Aires

Tras el trabajo de revisión de las actas y de las urnas efectuado la semana pasada, el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad entregó hoy los resultados definitivos (resta resolver algún tema puntual sobre la carga de los datos correspondientes a la Comuna 9 que presentaría el PRO) de las elecciones celebradas el 10 de julio pasado.

Jefe de Gobierno:

Sobre un padrón de 2.486.991 electores, votaron 1.819.295, es decir un 73,15 % (en las elecciones del 2009 votó un 74,15%). Los resultados más relevantes para la categoría de Jefe y Vicejefe de Gobierno han sido los siguientes:
PRO (Macri - Vidal): 836.608 votos, 47,07% de los votos válidos*
Frente para la Victoria (Filmus - Tomada): 495.339 votos, 27,87%.
Proyecto Sur (Solanas - Selser): 227.863 votos, 12,82%.
Coalición Cívica (Estenssoro - Sanchez): 58.817 votos, 3,31%.
Unión Cívica Radical (Giudici - Augugliaro): 36.203 votos, 2,04%.
Frente Progresista por Buenos Aires (Telerman - Kravetz): 31.326 votos, 1,76%.
El resto de los partidos obtuvo cifras inferiores a los 30.000 votos. Tres de ellos, incluso, no alcanzaron ni siquiera el equivalente en votos al piso de afiliados (4.000) que la ley exige para que un partido conserve la personería (casos de manual de sellos de goma).

Diputados:

Respecto de los resultados en la elección de Diputados, los números indican un total de 1.763.115 votos válidos, que principalmente se repartieron de la siguiente manera:
PRO (boleta encabezada por Bergman): 792.519 votos, 44,94%, con lo que obtuvo 16 bancas.
Frente Para la Victoria (Cabandié): 247.140 votos, 14,01%, 5 bancas.
Proyecto Sur (Bergel): 227.430 votos, 12,89%, 4 bancas.
Frente Progresista y Popular (Ibarra): 118.345 votos, 6,71%, 2 bancas.
Nuevo Encuentro (Cerruti): 114.693 votos, 6,50%, 2 bancas.
Coalición Cívica (Ferraro): 69.623 votos, 3,94%, 1 banca.
Ya por debajo de la cantidad de votos en blanco (40.894), podemos encontrar el mismo orden que para la elección de Jefe de Gobierno, con el radicalismo en 36.887 votos (2,09%) y el partido de Telerman, quien encabezaba también la boleta de legisladores de la Ciudad, con 33.164 votos (1,88%).

Comunas:

Respecto de las Juntas Comunales, y para no aburrir con los números, me limitaré a describir cuantos miembros de cada Junta Comunal consiguieron las tres principales fuerzas (el sistema D' Hont exigía en estos casos un piso de votos que ningún otro partido o alianza logró alcanzar). En todos los casos hay que tener en cuenta que más allá de la distribución de los cargos, y debido a que las normas establecen que el ganador se alza con la presidencia de la junta comunal, el PRO presidirá las juntas comunales de las 15 comunas en que se divide la Ciudad:
  • En las Comunas 2 y 13 el PRO obtuvo cinco miembros de junta, en tanto que el Frente para la Victoria y Proyecto Sur obtuvieron uno cada uno.
  • En las Comunas 1, 3, 4, 6, 7, 10, 11, 12 y 14 el PRO obtuvo también una mayoría propia con cuatro de los siete lugares en disputa, en tanto que el Frente para la Victoria obtuvo dos y Proyecto Sur el restante.
  • Por su parte, en las Comunas 5, 8, 9 y 15, el PRO y el Frente para la Victoria consiguieron tres lugares cada uno, mientras que Proyecto Sur obtuvo uno al igual que en el resto de la Ciudad.


* Se computa el total de votos excluidos los votos en blanco y los votos nulos (art. 96 de la Constitución de la Ciudad). El total de votos válidos para la categoría asciende a 1.777.419.

jueves, 28 de abril de 2011

La Ciudad y el equipamiento hospitalario


Cuando un domingo de mayo de 2008 abrí el suplemento Zona del diario Clarín (en ese entonces lo compraba todavía), lo primero en lo que pensé fue en cómo los medios de comunicación masiva suelen ser de gran ayuda cuando se intenta imponer un negocio a costa de los ciudadanos. Ni bien vi el artículo cuya imagen encabeza este post recordé automáticamente el proyecto que el 8 de abril de ese mismo año el Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, había presentado en la Legislatura de la Ciudad y al que se había asignado el número 529-J-2008 (en la página del Cedom se puede buscar el proyecto). Lo recordé y pensé en la presión de los medios porque el debate era fuerte y no se vislumbraban grandes posiblidades de acuerdo.
En la nota de Clarín se describía la crítica situación en materia de equipamiento de los hospitales. Algunos de sus párrafos merecen ser citados:
"Un listado básico de lo que falta: al menos tres resonadores magnéticos (un millón de dólares cada uno), no menos de seis tomógrafos computados (500 mil dólares cada uno), mesas de cirugía para operar, equipos de hemodiálisis, respiradores pediátricos y de adultos, ecógrafos básicos, equipos de rayos X. Todos elementos elementales de trabajo, cuyo funcionamiento es fundamental en la medicina moderna, pero que escasean o funcionan mal o están rotos para siempre porque, de tan viejos, ya no se consiguen repuestos. Y faltan a montones, en todos los hospitales y centros de salud de la Ciudad, y desde hace años."
"Lo único positivo de esta crisis es que, al menos, es admitida por todos los sectores de la Salud y por todas las banderas políticas. La cuestión es cómo resolverla. El ministerio de Salud, a cargo de Jorge Lemus, propone que la única solución es con fondos extraordinarios al presupuesto, lo que por ahora es resistido en la oposición."
La negrita es mía, y resalto el texto porque tiene que ver con lo que decía más arriba. Una catástrofe descripta por el diario, y la oposición que asume una posición tan repudiable.
Siguiendo con el texto, tras el diagnóstico venía la única solución posible:
"¿Cómo se soluciona? Con inversión, con bastante plata. El gobierno porteño elaboró un proyecto de ley que implicaría endeudar a la Ciudad en 150 millones de pesos para poder comprar un poco de todo: resonadores, tomógrafos, mamógrafos, mesas de anestesia, equipos radiográficos y hasta respiradores pediátricos, un elemento básico que durante 2007, cuando estalló la epidemia de la bronquiolitis, hubo que salir a pedir prestado a clínicas privadas."
Todo esto acompañado de un editorial, cinco días después, titulado "La crisis del sistema de salud porteño", en el que se destacaba (esta vez la negrita es del diario) que uno de los ejes de dicha crisis era el "atraso tecnológico por falta de inversiones"
¿Cúal era la causa del conflicto en la Legislatura ante tamaña y evidente necesidad? Lo que ocurrió fue que el listado de equipos necesarios que envió el Poder Ejecutivo a la Legislatura, más o menos a finales de abril había sido objeto de una denuncia por parte de Aníbal Ibarra, que en su página web detalló que el listado de equipos que supuestamente había elaborado el Gobierno de la Ciudad tras el relevamiento de las necesidades de los hospitales, incluía una marca “G-Scan” que, "casualmente, era producida y comercializada por una firma italiana:Esaote SA”."
Por ese motivo, se envió una nota a las Comisiones de Salud y de Presupuesto, solicitando la siguiente información:

  • Relevamientos realizados en los años 2007 y 2008, detallando las solicitudes de cada Hospital.
  • Criterios utilizados para dar lugar o no a las solicitudes, y para destinar equipamiento no solicitado por los hospitales.
  • Costo estimado de los equipos que componen el anexo del proyecto de ley.
  • Necesidades de personal relevadas para operar los equipos, y plan de incorporación de dicho personal.
  • Estado del préstamo PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). Necesidades que se pueden cubrir a través del mismo y estado de la licitación 13/08.

No se pedía nada del otro mundo. Se solicitaba la información básica necesaria para saber si el listado de equipos había sido correctamente efectuado (es decir, de acuerdo a las necesidades del sistema de salud), o el listado correspondía efectivamente a saldos ofrecidos por una empresa extranjera.
La información jamás fue brindada por el Poder Ejecutivo y eso se plasmó en uno de los despachos de minoría.
El oficialismo logró que se emitieran los dictámenes el día 24 de junio del 2008. Casi a modo de refuerzo, el mismo diario Clarín publicó una nota, tres días después, titulada "Hay días en que funciona sólo un tomógrafo para los hospitales", en la que mencionaba que el problema era "parte de una crisis que Clarín reveló hace un mes". El párrafo más saliente, a mi entender, era éste:
La tecnología que poseen los hospitales porteños caducó. Y se somete a la aparatología a un reciclado constante: un día se rompe un tomógrafo, al otro día se rompe otro, entonces se satura un tercero que luego se descompone justamente por la alta demanda. Así todo el tiempo, con un funcionamiento heterogéneo , le dijo a Clarín Jorge Gilardi, presidente de la Asociación de Médicos Municipales. Gilardi considera que lo más importante es la recuperación de la tecnología. En este sentido el Poder Ejecutivo impulsa en la Legislatura porteña un proyecto de ley que busca endeudar a la Ciudad en unos $ 150 millones de pesos para financiar la compra de tomógrafos, resonadores, mamógrafos y camillas de anestesia. El proyecto ya se encuentra en la Comisión de Salud y Presupuesto de la cámara y este jueves sería tratado por los legisladores. Un tomógrafo cuesta unos US$ 500.000 y un resonador, US$ 1 millón.
 Más interesante aún es lo que dice un pequeño artículo de opinión que acompañaba la nota, firmado por Guillermo Allerand. Creo que vale la pena citarlo completo:
Paradójicamente, la Ciudad necesita endeudarse en 150 millones de pesos para saldar una deuda que tiene con su sistema de salud. El Gobierno porteño espera que la Legislatura le apruebe un gasto a través de un bono para poder comprar algo que ya no puede esperar: aparatos de diagnóstico por imágenes modernos, que sirvan para la prevención y seguimiento de enfermedades no sólo de los habitantes de la Capital, sino de aquellos que llegan a atenderse desde el Gran Buenos Aires o incluso desde el Interior. Aquí no puede seguir dilatándose el tema bajo ninguna condición política. Es la salud de la gente.
 La negrita, una vez más a mi cargo, resalta el concepto más importante. No importa de lo que se trate, lo que sea que se esté haciendo está bien.
La ley se aprobó el 3 de julio de 2008.

La caída de la licitación

A pesar de que la ley logró aprobarse bajo supuestas garantías de imparcialidad en la licitación (se sacaron las denominaciones de equipos que daban exclusividad a la firma italiana), la derivación fue casi previsible:  la Licitación Pública Nacional e Internacional N° 17/DGCyC/2008 dio como resultado que sólo fue "Conforme Legal y Administrativamente" la propuesta de la firma "INSO SISTEMI PER LE INFRASTRUTTURE SOCIALI S.P.A." Como relata Página 12 el día 29 de noviembre de 2008:
"La observación del diputado" (por Ibarra) "hizo que en aquel momento, cuando se aprobó la ley, se sacara el nombre de la marca. Pero tiempo después, el 15 de octubre último, cuando Lemus fue a la Legislatura a dar un informe, Ibarra quiso saber si a esa licitación se había presentado una empresa italiana. “Se presentaron cinco empresas”, respondió Lemus, sin dar más precisiones. Una semana después, el procurador Pablo Tonelli emitió su dictamen sobre esa licitación: se habían presentado cuatro empresas, de las cuales una se retiró antes de ser evaluada y otras dos fueron descalificadas porque presentaron de manera incompleta la documentación que se les exigía. ¿Cuál quedó? La italiana Inso Sistemi per le Infrastru-tture Sociale. “Otra vez Google me permitió saber que esta empresa es socia de E Saote en emprendimientos en Italia, Chile y Uruguay”, dijo Ibarra. (...) Lemus manifestó desconocimiento acerca de este proceso, por lo cual el legislador le sugirió que “averigüe, no sea cosa de que usted quede involucrado en una situación irregular”."
Poco tiempo después,a través de la RESOLUCIÓN Nº 90/GCABA/MSGC/09, del 3 de febrero de 2009, se dejó sin efecto la licitación con estos argumentos:
Que tan escasa participación de oferentes en la etapa decisiva del trámite licitatorio dificulta la selección de la mejor oferta para la contratación prevista en la Ley 2780;
Que la adquisición del equipamiento hospitalario previsto en dicha norma resulta ser, por su cantidad, magnitud y complejidad, la mayor de las últimas décadas en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por lo que debe asegurarse la mayor transparencia economía, eficiencia y eficacia en su trámite;
Que asimismo es dable destacar el hecho que a través de adquisiciones efectuadas por el propio Ministerio de Salud y por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se ha incorporado nuevo equipamiento hospitalario, conlleva la posible necesidad de replantear los requerimientos oportunamente relevados para esta contratación, lo cual podría incluso podría tornar preciso efectuar actividad legislativa tendiente a realizar cambios en los Anexos de la Ley N° 2780;
La ejecución del presupuesto

Cualquiera podría pensar que la preocupación por dotar a los Hospitales y Centros de Salud de equipamiento adecuado era genuina, y que de acuerdo al texto de la Resolución se buscarían caminos alternativos para resolver un problema tan acuciante.
He señalado en artículos anteriores la preocupante baja de la participación presupuestaria de las áreas sociales, y en particular he mencionado al Ministerio de Salud como uno de los grandes perdedores de la política presupuestaria del PRO.
Lo primero que tendríamos que tener en cuenta es que durante la gestión de Mauricio Macri el Ministerio de Salud perdió dos puntos de participación en el presupuesto, lo que a números del 2010 equivaldría a unos $ 420 millones.
El gráfico siguiente muestra la participación de la inversión en maquinaria y equipo (rubro que incluye desde los equipos más básicos a tomógrafos y ambulancias) dentro del total del gasto en Salud. Es fácil notar que, aún con una menor participación en el total hay una caída abrupta de la inversión que se acerca mucho a los niveles del peor año de la crisis que se desató a principios de este siglo en la Argentina:


Más claro se nota cuando observamos la relación con el total del gasto:


El promedio del periodo 2003-2005, en torno a un tercio de punto (con un pico del 0,44% del total de gastos en 2004) equivale a números del 2010 a unos $ 70 millones, mientras que en el 2010 se invirtió sólo $ 13,59 millones:


Este cuadro, vale aclararlo, no está realizado en base a valores reales sino nominales. Aún así, es más que evidente la brutal caída de la inversión en maquinaria y equipo de Salud. De hecho, la inversión del año 2010 es menor a la del 2004, a pesar de que el gasto total del año pasado multiplicó por cinco lo que la Ciudad había gastado entonces. Más aún, si comparamos los últimos tres años de la gestión Ibarra con los últimos tres años, la inversión durante el periodo de Gobierno del Ingeniero Macri es sustanciamente menor (poco menos de $ 38 millones contra casi $ 46 millones del ex Jefe de Gobierno), y apenas superior a lo que se invirtió en sólo dos años durante la gestión de Jorge Telerman (casi $ 33 millones). Vuelvo a subrayar que se trata de valores nominales.
Esto en parte se explica por los niveles de ejecución presupuestaria del área. Los resultados tienen en buena parte que ver con una política presupuestaria de presentación de objetivos enormes cuando se envía el presupuesto a la Legislatura (en parte basados en el impacto presupuestario del denominado Plan de Equipamiento Hospitalario del que estamos hablando), pero los datos son elocuentes (cabe aclarar que en el caso del 2002 se recondujo el presupuesto y se asignó una cifra muy pequeña, lo que distorsiona el dato porque verdaderamente se invirtió muy poco):


La tendencia, que hasta el 2006 fue de sobreejecución del presupuesto, se convirtió en una fuerte subejecución. La lógica conclusión es que el único objetivo del Plan de Equipamiento Hospitalario era efectivamente comprar un paquete cerrado a un oferente único y que la evidencia de la maniobra terminó dejando al descubierto otra cuestión innegable: el equipamiento hospitalario está muy lejos de ser un objetivo de política pública para el PRO.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Entrevista en "Conectados en la radio" II: Vivienda



Ayer por la noche tuve nuevamente la oportunidad de dialogar con Gerardo Fernández, conductor del programa "Conectados en la Radio" que se emite por Radio Cooperativa (AM 770, también por internet), de lunes a jueves de 22:30 hs. a 24:00 hs. El tema fue la subejecución del presupuesto en materia de Vivienda durante la gestión de Mauricio Macri.
En el blog de Gerardo, "Tirando al Medio" se puede encontrar un post sobre la nota, que incluye el audio de la misma (audio que además encabeza este artículo).

Derechos básicos: Vivienda

Entre tanta discusión cruzada a partir de la toma del parque indoamericano y tanta apelación vergonzosa a la xenofobia y el racismo por parte de quienes tienen a su cargo nada menos que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, me parece importante hacer eje en el necesario debate acerca de cuál es el piso de derechos que el Estado debe garantizar. Así como todos somos constestes en que entre esos derechos sin duda se cuentan la educación y la salud, cabe preguntarse porqué se reacciona en forma tan violenta cuando de lo que se trata es de garantizar que todos podamos tener un espacio donde vivir y no terminemos tirados en la calle.
Nada tiene eso que ver con que existan situaciones de injusticia ni con justificar la toma compulsiva de terrenos públicos o privados. Tampoco con dejar de lado que la vivienda es un problema para amplias franjas de la población, no sólo los pobres, ya que la acción del Estado no se hace sentir al momento de generar alternativas de crédito para la población ni incentivos para la construcción de viviendas a precios razonables. Lamentablemente, en este tema la política está en manos de un mercado que prefiere construir inmensas moles vacías en Puerto Madero o agotar la infraestructura de barrios densamente poblados en los que el valor del metro cuadrado construido es el más alto.
En medio del fárrago de normas que se blanden de todos lados, una de las leyes que hay que cumplir es el presupuesto. Podemos discutir si los montos asignados en la misma son correctos o no, si corresponde gastar o invertir el dinero en uno u otro asunto, lo que no podemos hacer es no invertir los fondos que se asignan en dicha ley, mucho menos cuando se trata de dinero que se debe destinar a garantizar derechos básicos. Porque cuando existen conflictos como el de Soldati, una de las cuestiones que salta inmediatamente es la puja por acceder a los programas estatales en materia de vivienda, que se tornan aún más insuficientes si no se ejecuta el presupuesto.

Los números

Pasando al detalle de las cifras sobre las que hablamos con Gerardo, lo primero que hay que mencionar es que los números correspondientes a la ejecución del presupuesto de Vivienda durante la gestión de Mauricio Macri muestran que ni siquiera tomando la evolución de la inversión en términos nominales se puede utilizar el típico argumento de la comunicación PRO en el sentido de que durante el periodo de gestión del ingeniero se invirtió más que durante los gobiernos de Ibarra y Telerman. Es así que mientras los gastos totales de la Ciudad (según las correspondientes cuentas de inversión suministradas por el Ministerio de Hacienda) crecieron entre el 2007 y el 2009 un 63,10 %, el Instituto de la Vivienda de la Ciudad gastó un 17,42 % menos en 2009 que en el ejercicio en el que el actual Jefe de Gobierno ganó las elecciones:


Volviendo a insistir en el hecho de que se trata de inversión en términos nominales y no reales (el gasto total de la Ciudad fue en 2005 de $ 6.000 millones y rondará este año los $ 20.000 millones), la suma de lo invertido en el último trienio (con un trimestre pendiente de ejecución) es sensiblemente inferior a lo que la Ciudad invirtió en el trienio anterior (parte durante el Gobierno de Ibarra y parte durante el de Telerman): $ 638 millones contra $ 828 millones.
Por supuesto que no se trata de que la Legislatura se haya vuelto loca y votado presupuestos cada vez más bajos. Lo que descendió, y lo sigue haciendo, es el porcentaje de ejecución del presupuesto (el correspondiente al 2010 es el acumulado al tercer trimestre):



No es casualidad, entonces, que la participación de la Inversión en Vivienda sobre el total de gastos de la Ciudad, se haya derrumbado:


En este contexto, podemos observar que de los $ 77 millones que ejecutó el IVC este año, casi $ 38,5 son gastos en personal, por lo que el comportamiento de la ejecución en los distintos programas es el siguiente (clic en imagen para agrandar*):

Fuente: Ejecución Presupuestaria, Tercer Trimestre 2010, Ministerio de Hacienda.

Uno de los argumentos utilizados en su defensa por el Jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, en su visita a la Legislatura en el día de ayer, fue que había otras áreas que complementan la inversión en vivienda. La UGIS (Unidad De Gestión Intervención Social) lleva una ejecución aceptable de su presupuesto ($ 27 millones sobre $ 43 millones), pero en el rubro "construcciones" la ejecución es de $ 1.628.046,96 sobre $ 4.840.000. La Corporación del Sur lleva ejecutados $ 33 millones (no contamos con el desagregado, aunque no todo se utiliza para vivienda) y el programa de mejoramiento de villas del Ministerio de Espacio Público lleva ejecutados $ 1.696.967,95 sobre $ 5.000.000 (todo en subsidios, además), cifras que en modo alguno modifican el panorama de subejecución en la materia.
Poco puede hacer la Legislatura frente a este panorama. Sobre el cierre de 2009, y con la ejecución del tercer trimestre en la mano, que hasta ese momento el 85% de los cambios que la Legislatura había efectuado en el presupuesto 2009 enviado oportunamente por el Poder ejecutivo habían sufrido recortes (recortes que hemos mostrado claramente hacia dónde van en este post) o no habían sido ejecutados. Algunos ejemplos del resultado final de programas cuyo presupuesto fue incrementado por el Poder Legislativo (clic para agrandar):

Fuente: Cuenta de Inversión 2009, Ministerio de Hacienda.



* Nota: Como se puede notar, el crédito vigente es aproximadamente $ 6 millones superior al crédito de sanción. La razón es el aumento salarial que, como el resto del personal de la Ciudad, recibió el personal del IVC.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Distraídos por el ABL. Presupuesto 2011.


La presentación del que será el último presupuesto del mandato que Mauricio Macri inició el 10 de diciembre de 2007, es en muchos sentidos la consolidación de un modelo de administración que se inició con el Gobierno de Telerman en 2006 y que se refleja en el cuadro que encabeza este post. Una forma de gestionar recursos cuya característica central es que el gasto ha dejado de ir contra el ciclo económico (es decir, déficit en recesión y superavit en tiempos de crecimiento económico) para marcar una senda de resultados negativos más allá de los vaivenes de la economía.
De esta manera, a partir del 2006 la Ciudad dejó de lado una política de desendeudamiento. Los dos primeros años, financiando el déficit a partir de la liquidación del fondo anticíclico que tras la crisis 2001-2002 había acumulado la administración de Ibarra, y a partir del Gobierno del PRO a través de una política de fuerte crecimiento de la deuda, que ya hemos descripto en alguna nota anterior.
El cuadro refleja presupuestos ya cerrados y dos estimaciones sobre las que conviene hacer algunas consideraciones. La correspondiente al 2010 implica reconocer como buenos datos que no coinciden con los números vigentes al 30 de septiembre de este año, en los que el déficit podría ser aún mayor, pero a su vez implica una ejecución total del gasto de capital, que al cierre del tercer trimestre apenas roza el 39%. Confieso que, en este sentido, resulta difícil ofrecer una estimación adecuada del resultado del 2010. 
La estimación correspondiente al 2011 tiene obviamente que ver con la formulación del proyecto de presupuesto, por lo que no se trata de un número concreto aún.
Es todavía materia de debate si se tiene que administrar de una forma u otra, pero lo cierto es que una de las claves del éxito del modelo económico implementado desde 2003 a nivel nacional ha sido la política de "superávits gemelos" (superávit primario y de cuenta corriente) que permitió, con una economía de fundamentos sólidos, enfrentar la crisis internacional que se desató a fines del 2008 y sostener la producción y el empleo a partir de una fuerte inversión pública, basada en un déficit utilizado precisamente cuando la coyuntura lo hacía necesario,  logrando así un rápido retorno a altas tasas de crecimiento económico.
Nada de eso es lo que viene ocurriendo en la Ciudad. Ahora bien, se podría argumentar que la Ciudad se endeuda para aumentar la inversión pública en infraestructura. Dos cosas se pueden decir al respecto: en primer lugar es necesario hacer hincapié en que esa inversión debe ser sostenible en el tiempo. Acumular deuda puede llevar a una situación en la que se ponga en riesgo las posibilidades de invertir en el futuro (nadie podría imaginar un futuro en el que no haga falta inversión en infraestructura escolar, de transporte, hospitales, etc.) o las chances de enfrentar con éxito una situación desfavorable. Esta manera de utilizar los recursos públicos ya ha provocado varias veces en nuestro país la asfixia del Estado y la necesidad de enfrentar contextos recesivos con ajustes que lo único que pueden producir es un agravamiento de la caída de la economía y, en definitiva, un mayor sufrimiento a los sectores más postergados de la sociedad.
En este sentido, acumular fondos para no sortear situaciones como la del 2002 es siempre una decisión complicada cuando se tiene en cuenta las enormes necesidades de inversión que tiene la Ciudad, pero mantener un modelo de ingresos que no pueda dar cuenta de otros horizontes es el problema sobre el que deberíamos actuar, si la única alternativa que tenemos para ampliar el alcance y la calidad de los bienes públicos termina siendo ingresar en una espiral de endeudamiento abultado y caro.
En segundo término, es importante analizar cuál sido el impacto de esta política de déficit en la inversión pública. Para ello puede ser interesante observar el siguiente gráfico:


Al igual que en el caso del gráfico anterior, es necesario hacer hincapié en que las cifras correspondientes a los años 2010 y 2011 son presupuestos y el resto de los años es ejecución presupuestaria ya cerrada. Lo que me parece muy importante marcar es que tras la crisis que hizo pico en los años 2001-2002 (la recesión había comenzado en 1998) hubo un crecimiento marcado de la participación de la inversión pública que alcanzó, con un importante superávit primario y financiero, un 15,32% del gasto en 2005. A partir de entonces, sólo dos veces se alcanzó un nivel de inversión superior: en 2006, sustentado en la liquidación del grueso del fondo anticíclico de la Ciudad, y en 2008 por la combinación de un fuerte aumento de los impuestos que gravan los inmuebles (en promedio un 100%, pero en algunos casos hasta el 300%) y el aumento del stock de deuda de la mano de la política de endeudamiento encarada por el actual Jefe de Gobierno.
Cabe mencionar, de todas maneras, que dicha combinación no sólo financió el aumento de la inversión real directa sino también una fuerte expansión del gasto corriente: mientras la inversión real directa aumentó en $ 1.081 millones del 2007 al 2008, la suma del aumento del ABL (que significó una recaudación adicional de $ 632 millones) y del crecimiento del stock de deuda (en $ 965 millones) supera largamente esa cifra: en total se aumentó los recursos en $ 1.587 millones sólo por estos dos factores. A ello habría que sumarle el impacto del fuerte crecimiento de la economía y otros aumentos en tasas y derechos que cobra la Ciudad por distintos servicios.
Ahora bien, a pesar de que el stock de deuda podría llegar a duplicar al cierre de 2010 el heredado por la actual gestión, no se ha vuelto a alcanzar los niveles de inversión pública sobre el total del gasto que la Ciudad tenía en 2005. Más aún, no se los podría alcanzar en 2010 ni aún llegando a ejecutar el 100% de la inversión en infraestructura, que en las áreas sociales, como educación, continúa en niveles bajísimos como expuse en un post reciente.

Distraídos por el ABL

Con este panorama resulta casi anecdótica la intención de aumentar el ABL en un 30%. Más aún si tenemos en cuenta su significado respecto de la recaudación total (apenas el 1,5%), lo que invita a pensar que más que una necesidad recaudatoria lo que se necesita es generar alguna materia de debate. ¿Por qué discutimos un aumento de impuestos que recaudará $ 300 millones de pesos en lugar de discutir la solicitud para colocar deuda por diez veces esa cifra?
En una nota reciente habíamos comentado acerca del perfil de vencimientos que debería encarar la Ciudad en adelante. Exponía entonces el siguiente gráfico:
Decía entonces:
"El gráfico muestra claramente dos años con fuertes vencimientos, justamente dos años de renovación de mandatos. En el caso del 2011, producto de una política de endeudamiento que ya hemos detallado en un post anterior y que consiguió aprobaciones legislativas a cambio de que buena parte de los vencimientos no fueran más allá del mencionado año. El resto de la secuencia muestra un vencimiento de capital muy fuerte en 2015 (los u$s 475 millones de la colocación de este año) y el impacto de los vencimientos de intereses de ese bono (u$s 30 millones en 2010 y 2015 y u$s 60 millones los años 2011, 2012, 2013 y 2014).
Vale mencionar que a la Ciudad de Buenos Aires le espera un vencimiento en 2015 que a números de hoy (los montos están convertidos a pesos pero el bono es en dólares) es superior al 10% del presupuesto, un número que supera la recaudación anual por ABL o por coparticipación, por ejemplo."
La acumulación de vencimientos mencionada para los años 2011 y 2015 implica dos situaciones particulares: la primera de ellas es que el macrismo pretende no hacerse cargo de ninguna de las deudas que generó: todos los vencimientos de capital e intereses correspondientes al 2011 serían cubiertos con nuevas colocaciones (quedando un remanente para ampliar el gasto además) y pasarían a ejercicios futuros. El impacto de una nueva colocación, en torno a los u$s 500 millones, a un plazo mínimo de 7 años, generaría una acumulación mayor de vencimientos en 2015 (por lo menos u$s 50 millones más por encima de los u$s 505 que ya tiene comprometidos para entonces la Ciudad) y tendría como resultado otra gruesa carga de amortizaciones en algún ejercicio posterior, si el esquema de colocación previsto es similar al que se eligió para la serie 8 del bono tango.
Lo más complicado es que las gravosas condiciones de colocación que la Ciudad aceptó en esta oportunidad parecen tener el mismo patrón de conducta que la colocación del FOISO: pedir deuda para después ver cómo y en qué utilizarla: de los u$s 475 millones colocados este año u$s 300 millones tenían como destino la ampliación de la red de subtes. A pesar del discurso sostenido a lo largo del tiempo por el Jefe de Gobierno, que afirmó reiteradas veces que no podía avanzar en las obras del subte por culpa del Gobierno Nacional, resultó que cuando se obtuvieron los fondos no estaban listos los proyectos ejecutivos para iniciar los procesos de licitación. Resultado: la plata en un banco rindiendo una tasa en pesos equivalente a la mitad de lo que se paga en dólares por los bonos.
Es así que se tomó la decisión de transferir a la empresa AUSA parte de ese dinero para hacer pasos bajo nivel (obras que en muchos casos tienen cuestionamientos judiciales efectuados por vecinos que seguramente inteferirán en la realización de las mismas), pero no voy a profundizar el tema ahora. Lo importante es observar que la Ciudad tiene un presupuesto vigente para construir subtes de $ 200 millones de pesos (según ejecución del tercer trimestre del 2010), de los cuales por lo menos $ 130 millones se financian con los recursos de asignación específica estipulados por la ley 23.514 (se cobran con el ABL y las patentes). Es decir, la Ciudad invierte por encima de esos fondos $ 70 millones, unos u$s 17,5 millones de dólares.
O sea, menos que lo que corresponde pagar en intereses por el bono que se colocó para hacer subtes. Este mismo año, la ciudad deberá pagar u$s 19 millones de dólares por la parte proporcional que corresponde al subte de la colocación de u$s 475 millones (u$s 300 millones).
Aunque suene increíble lo reitero: la Ciudad pagará este año, si se ejecuta la totalidad del presupuesto vigente para el subte al 30 de septiembre, una cifra de u$s 19 millones de dólares para usar u$s 17,5 millones.
Si este mismo ejercicio lo hacemos respecto de los fondos destinados al subte para el 2011 ($ 833 millones), encontramos que 170 millones corresponden a los fondos de la ley 23.514, $ 120 millones se podrían cubrir con lo que se va a destinar a pagar intereses por el préstamo el año que viene y además se planea pedir un crédito por $ 215 millones a la Corporación Andina de Fomento. El resultado es que las necesidades de financiamiento para el año entrante, sobre la base de una ejecución total del presupuesto (algo que esta administración logra de sobra en áreas como publicidad oficial pero no en el subte), alcanzan los $ 330 millones, unos u$s 82 millones.
Es decir, del préstamo por u$s 300 millones de dólares, que viene con una tasa del 12,5% anual y la Ciudad tendrá que pagar en su totalidad en 2015 (a la sazón un año electoral, lo que hace más complicada la negociación con cualquier acreedor potencial), la Ciudad estaría necesitando en los dos primeros años aproximadamente la tercera parte.

Reparto de recursos

En lo que hace a la asignación de prioridades, no hay mucho para decir ya que la regla es esperar y ver la ejecución. De nada sirve que se ponga más plata en infraestructura social si después se termina derivando hacia otras áreas (los famosos superpoderes sobre los que habría que debatir en profundidad).

La idea parece ser poder cubrir los eventuales aumentos de salario con un mix de recaudación “no estimada” y subejecución. El problema es cuando vemos qué áreas han sufrido mayores subejecuciones (salud, educación, vivienda y desarrollo social) y qué áreas han sobrejecutado el presupuesto (mantenimiento de la vía pública, recolección de residuos, publicidad oficial). De esa forma ha utilizado Mauricio Macri las autorizaciones legislativas para modificar partidas (incluso las ha usado para eliminar modificaciones concretas a partidas presupuestarias realizadas por la Legislatura en la aprobación de cada presupuesto), por lo que el resultado que tendría aprobar este presupuesto podría implicar una profundización del modelo de destrucción de lo público encarado desde 2007 en adelante.
En todo caso, lo llamativo es que se puede observar un nuevo retroceso en la participación de áreas sociales en el proyecto de presupuesto. Mientras el promedio de aumento ronda el 20%, este es el detalle de lo que aumenta el presupuesto de algunos ministerios, tomando como parámetro de comparación el presupuesto vigente en cada área al cierre del tercer trimestre del 2010:

  • Jefatura de Gobierno, de $ 713 millones a $ 1.179 millones + 40%
  • Justicia y Seguridad, de $ 865 millones a $ 1.305 millones, + 34%.
  • Desarrollo Urbano, de $ 1.013 millones a $ 1.859 millones, + 45%.
  • Ambiente y Espacio Público, de $ 2.210 millones a $ 2.850 millones, + 33%.
  • Salud, de $ 4.131 millones a $ 4.982, + 17%.
  • Desarrollo Social, de $ 1.040 millones a $ 1.252 millones, + 20%.
  • Educación, de $ 5375 millones a $ 6.746 millones, + 20%.
Y resulta que hay plata en el Banco Ciudad...

Otra perla del proyecto de presupuesto es el intento de "hacerse" con $ 374 millones del Banco Ciudad. Hace trece años la Ciudad hizo un aporte de capital al Banco por 100 millones de dólares. En ese momento se estipuló que el Banco sólo debía devolver el 12% de ese monto. El macrismo incluye ahora en el presupuesto un artículo que impone la devolución del 88% restante (algo que no corresponde porque no figura en ninguna norma como sí la norma establecía devolver el 12% y nada más) y se tiran el lance con lo de la "contribución", porque el Banco Ciudad no puede prestarle al Gobierno. Sería casi imposible que el Banco Central apruebe semejante cosa, pero dentro del dibujo que es el presupuesto que enviaron por lo menos les sirve para cerrar más o menos las cuentas (igual el déficit primario es de 1000 millones de pesos). Y si por una de esas logran conseguir el dinero, lo festejarán a lo grande arreglando las veredas de Barrio Parque.

En síntesis, los ejes centrales del presupuesto presentado por Mauricio Macri son la persistencia en un esquema deficitario, con fuerte crecimiento de la deuda (de autorizarse las colocaciones solicitadas para 2011, Macri habrá heredado una deuda de alrededor de u$s 900 millones y concluirá su gestión dejando por lo menos el doble) y una expansión del gasto corriente que se refleja en una baja incidencia del gasto de capital. Este modelo de administración no prevé aumentos salariales ni aumentos en gastos corrientes ajustables por inflación (sobre todo en los más pesados como subsidios a educación privada y recolección de residuos en los que el presupuesto 2011 solicitado equivale a lo que se prevé pagar ya en 2010), que deberían cubrirse con el aumento de la recaudación por encima de lo estimado y con subejecución del gasto de capital. De esta forma, el aumento sustancial que algunas jurisdicciones reflejan en lo que hace a gasto de capital podría implicar que en realidad se intente ocultar la intención de gastar en plazas, veredas y asfalto, y que las subejecuciones recaigan en las áreas sociales, algo a lo que este gobierno nos tiene acostumbrados.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Ganadores y perdedores del presupuesto de la Ciudad II: Basura


Vamos a empezar este artículo con un cuadro al mejor estilo "comunicación PRO": un crecimiento del gasto en recolección de residuos exponencial, medido en millones de pesos y en forma nominal. Podemos señalar algunos hitos:
2005 (último año de la gestión Ibarra): $ 349.299.562,51
2007 (último año de la gestión Telerman): $ 732.935.748,60
2009: $ 1.308.346.008,07
2010: $ 1.600.000.000
En este caso sí se podría decir que el Gobierno de Macri lleva gastado en dos años y medio más dinero que en los 8 años anteriores: mientras que en el periodo 2000-2007 la Ciudad tuvo que pagar por la recolección basura $ 2.636.735.153,91, en los dos años y medio de gestión PRO ya llevan $ 2.875.444.740,89.
Las cifras corresponden a los datos que suministra el Gobierno de la Ciudad a través del Ministerio de Hacienda y que se pueden encontrar en las cuentas de inversión de cada año finalizado. El número correspondiente al 2010 es una estimación, bastante conservadora por cierto, elaborada en base a la ejecución del primer semestre y al proyecto de ampliación presupuestaria recientemente remitido a la Legislatura por el Poder Ejecutivo y caratulado con el número 2702-J-2010, en el que se piden $ 330 millones adicionales. Los totales se componen de la suma del gasto que se realiza a través del Ente de Higiene Urbana (que tiene a su cargo la llamada Zona V de la Ciudad) y la Dirección General de Limpieza (antes denominada de Higiene Urbana), que es la que se encarga de la relación con las empresas privadas que tienen a su cargo el resto de la Ciudad. En definitiva, a estos datos que se pueden ver resaltados en la planilla de la ejecución presupuestaria del segundo trimestre (el presupuesto es la primera columna y la tercera es la ejecución) hay que adicionarles $ 330 millones:


Por supuesto que los números arriba expuestos, sin tener en cuenta que hubo inflación en el medio, no nos deberían decir demasiado, aunque resultaría muy tentador utilizarlos para decir que hay un récord de gasto en base a ellos, como el Gobierno de Macri nos tiene acostumbrados a escuchar, y de lo que hemos dado cuenta en notas anteriores, como la referida a los datos sobre inversión en infraestructura escolar.
Sin tener cifras de inflación del todo confiables, podemos analizar los datos desde otros costados. Una primera aproximación podría ser fijarnos cuánto representa el gasto en recolección de residuos respecto del gasto total de la Ciudad:


Aquí se puede observar que el crecimiento es muy fuerte en los últimos años. Al cierre del año 2009, la participación del gasto en recolección de residuos sobre el total alcanzó la cifra récord de 8,21% del total, muy superior al 6% que representaba en 2005 y también al 7,38% que representaba en 2007. 
Cabe tener en cuenta que a valores del gasto total que podemos estimar para el año 2010 ($ 20.000 millones), un punto porcentual representa $ 200 millones. Dicho de otra manera, si este año se gastara efectivamente $ 1.600 millones (cifra en la que probablemente nos quedemos cortos), los ocho puntos porcentuales que significaría del gasto total implicarían un aumento del costo cercano a los $ 400 millones respecto de 2005.
También puede ser importante analizar la relación entre el gasto efectuado por la administración en forma directa, a través del Ente de Higiene Urbana, y los contratos de recolección llevados a cabo por empresas privadas: mientras el gasto efectuado a través del ente acumuló un crecimiento durante los primeros dos años del Gobierno de Macri  del 42,74%, la Dirección General de Limpieza acumuló un aumento del 83,29% en el mismo periodo. 
Si además tomamos en cuenta el gasto que podemos estimar para el 2010, en el caso de la Dirección General de Limpieza el aumento durante la gestión macrista alcanzará casi el 130%, mientras que de acuerdo a la ejecución del segundo trimestre no podemos observar perspectivas de aumento del costo del servicio que presta el Ente (de hecho el presupuesto está subejecutado y no se solicita ampliación del mismo). Cabe mencionar que el gasto total de la Ciudad durante el periodo de Gobierno de Mauricio Macri será a fines del 2010 el doble de lo que fue en 2007, lo que implica un crecimiento del gasto en basura a través de privados de 30 puntos por encima del promedio.
Esto produce además una relación de costos que se dispara hacia el sector privado: mientras en 2007 la dirección General de Limpieza gastaba nueve veces y media lo que costaba el Ente de Higiene Urbana ($ 660 millones contra $ 70 millones), al cierre de 2010 la relación será de quince a uno: $ 1.500 millones contra $ 100 millones. Más interesante aún es observar las denominadas "metas físicas" del presupuesto de cada una de las áreas. En las planillas (las capturas pertenencen al Tomo III de la información anexa al proyecto de presupuesto de la Ciudad) tenemos la cantidad de "cuadras" que corresponde limpiar a través del Ente:


También la cantidad de cuadras que se limpian a través de las empresas privadas:

Hay que mencionar que se podría tomar sólo el costo del contrato y no de toda la Dirección General de Limpieza (aunque en nuestro criterio el costo de la administración hay que contarlo, aún a pesar de que podamos terminar considerando que Ciro James hizo algo por la educación pública de esta Ciudad). Tal vez si circunscribiéramos el análisis al costo del contrato de recolección (cerca de 1.250 millones para el 2010) la relación sería menor, 12,5 veces el costo del Ente. Así y todo, teniendo en cuenta todas las particularidades que puedan tener las diferentes zonas de la Ciudad, el volumen de residuos y los pagos al CEAMSE, no parece haber demasiada justificación para que el costo se multiplique de esa manera si se trata de limpiar 3,5 veces más cuadras.
Sin duda que a la luz de estos números, cabe preguntarnos hasta que punto le conviene a la Ciudad mantener en manos privadas el servicio y en todo caso en qué condiciones. Es un debate pendiente.

Fernando Renzi - Aníbal Ibarra.

viernes, 20 de agosto de 2010

Ganadores y perdedores del presupuesto de la Ciudad: Educación


La asignación de recursos a través del presupuesto y, sobre todo, la ejecución de ese presupuesto nos brinda un panorama muy concreto respecto de la política de un gobierno. En este caso, con los datos que suministra el Ministerio de Hacienda del Gobierno de la Ciudad a través de la cuenta de inversión (en este caso correspondiente al 2009) y la ejecución presupuestaria del segundo trimestre del 2010, podemos alcanzar muchas conclusiones respecto de la enorme distancia entre la realidad y un discurso que se sostiene a fuerza de publicidad oficial y medios de comunicación aliados.
No es un detalle menor que podamos observar en la ejecución de la primera mitad de este año que mientras se lleva gastado el 75,12% del presupuesto en publicidad y propaganda, en infraestructura escolar sólo se ha  invertido el 7,38%.

El espacio de la Educación 

Los números que tienen que ver con la inversión educativa muestran una pendiente de la que parece difícil salir. Cuando pocos días atrás me enteré (pocos lo hicimos, porque no fue noticia para ninguno de los grandes medios) que Macri no había construido una sola escuela en dos años y medio de gestión, no me causó demasiada sorpresa.
El cuadro que sigue muestra la evolución del porcentaje que significa la Educación en el gasto total de la Ciudad:


Se pueden hacer un par de comentarios respecto de la curva: el nivel del 2002 pertenece a un año en que los ingresos de la Ciudad se desplomaron y la prioridad en el gasto la tuvieron los salarios de los empleados públicos. Todo el periodo 2000-2003 tiene algo que ver con un estado flaco de recursos para invertir en obra pública y dado que los salarios docentes explican un alto porcentaje de las erogaciones del Ministerio de Educación, es lógico que haya representado un porcentaje más alto.
No hay que dejar de tener en cuenta que bien podría haberse pretendido recortar salarios entonces. También podríamos proponernos a futuro un nivel de gasto educativo más cercano al 30% que al 25%, pero esa es  otra discusión. En todo caso, un parámetro razonable sería el que establece como piso de participación el artículo 12º de la Ley de financiamiento educativo (Ley 26.075), o sea el correspondiente al año 2005, que fue del 27,57%.
De acuerdo al gasto verificado (es importante resaltar que la ley se refiere a ejecución y no a presupuesto), podemos observar que durante el primer año de gestión de Jorge Telerman (2006), la Ciudad gastó por debajo del mismo (27,05%), aunque hubo una fuerte recuperación en el año 2007, que llevó el porcentaje de participación de la Educación a una cifra superior al piso del 2005 y casi tan buena como la del 2004. Decir que Mauricio Macri encontró un nivel de gasto educativo que con un 27,84% sobre el total cumplía acabadamente con la ley de financiamiento es inobjetable.
Igual de inobjetable es decir que durante su gestión, incluidas las perspectivas de gasto para el año en curso, la Ciudad no alcanzó las metas: aunque se recuperó un poco la participación en 2009, el 27,15% de ese año no alcanza, como tampoco el 26,64% que representó en 2008, cifra que resulta la más baja de la serie.
Sin duda que estas cifras son preocupantes, pero cuando analizamos el reparto entre Educación de Gestión Pública y Educación de Gestión Privada, la cosa resulta peor:


En este caso la curva se hace más pronunciada en los años del PRO: La Educación Pública, que en el año 2005 significó un 23,38% del gasto total de la Ciudad y en el 2007 un 23,68%, cayó al 22,08% en 2008 y apenas subió al 22,14% en 2009, demostrando que la recuperación parcial del gasto educativo en el total no fue precisamente para la Educación pública


Es así que llegamos a este cuadro, que representa claramente el salto de las transferencias a Educación Privada en el gasto educativo, pasando de un promedio entre el 15 y el 15,5% en el periodo 2000-2007 a un 18,46% en el año 2009 (14,93% en 2007). De más está decir que las transferencias a la Educación Privada son uno de los rubros de mayor crecimiento del gasto durante la gestión de Macri, y que por supuesto el nivel de crecimiento es inexplicable.
En materia de infraestructura escolar, tras el bajísmo nivel de ejecución del 2008 (sólo el 56,93%), se mejoró un poco alcanzando una ejecución del 61,64% en 2009, cifra que respecto del periodo 2003-2009 resulta la segunda más baja (no cuento con cifras de los años anteriores, pero doy por sentando que en el 2001-2002 fueron seguramente muy malas producto de la crisis que mencionamos más arriba):


De esta forma, si tomamos nota de la ejecución del segundo trimestre del 2010 (el argumento de los procesos de licitación a mitad de mandato no es demasiado fácil de sostener) el panorama es preocupante. Como para poder decir que evidentemente Macri se tomó muy a pecho eso de que el saber no ocupa espacio.

lunes, 29 de marzo de 2010

Endeudando Buenos Aires


Los cartelitos amarillos con la leyenda "Haciendo Buenos Aires", propios de la comunicación macrista, intentan darnos un mensaje del estilo "antes de nosotros no se hizo nada". Observar la política financiera de la administración PRO, invita a pensar que la idea del mensaje va mucho más allá: difícilmente sea posible que se pueda hacer algo tras el tendal de deudas que va camino a dejar el paso del ingeniero por el palacio de Bolívar 1.
Es muy complicado analizar una gestión de gobierno sin tener en cuenta algunos factores que rodean las decisiones y las condiciones en que éstas se toman. La situación de la economía internacional y los términos de intercambio no suelen estar muy a mano de los votantes a la hora de definir su apoyo a un candidato, así como tampoco la política de ingresos y gastos ni lo que se encuentra íntimamente vinculado a ella: el déficit o superávit de las cuentas públicas y la política frente a la deuda.
En estos días en que se debaten alternativas para hacer frente a la deuda pública nacional, casi nadie plantea la discusión respecto de las consecuencias que puede traer "volver a los mercados" ni, en todo caso, en qué condiciones conviene al país endeudarse o no. Sin este debate, la deuda dependerá de las mayorías que se puedan construir en el parlamento y de la responsabilidad de quienes tengan a cargo el Gobierno.
Teniendo en cuenta la experiencia previa, la deuda pública del Estado Nacional seguirá siendo un gran problema para la Argentina.
La década del '90 fue para la Argentina y para la Ciudad de Buenos Aires un periodo de particular crecimiento de la deuda. Casualidad o no, los gerentes de las empresas del grupo Macri tuvieron una fuerte participación en ese proceso, especialmente en la Ciudad, igual que ahora.
Al momento de escribir estas líneas, y mientras todos se distraen discutiendo la forma de regular la actividad de los trapitos, el Gobierno de la Ciudad acaba de anunciar la colocación de u$s 475 millones a 5 años, a una exorbitante tasa anual del 12,5%.
Con esta colocación y otras autorizaciones brindadas por la ley de presupuesto, y sin contar los intereses que en este caso implican un costo adicional de 300 millones de dólares, la deuda en pesos de la Ciudad alcanzará en el curso de 2010 una cifra cercana a los $ 6565 millones, es decir alrededor de un 150% más de lo que Macri encontró al asumir su Gobierno.

Endeudarse desde el primer día

La política de endeudamiento empezó con la llegada al poder del PRO. El presupuesto aprobado por el macrismo y algunos de sus aliados a fines de 2007 ya contemplaba diversas autorizaciones para endeudarse, además de los conocidos aumentos de impuestos. De esta forma, se creó el denominado "Fondo de Infraestructura Social", que supuestamente consistía en la colocación de una nueva serie del Bono Tango por u$s 500 millones para destinar fondos adicionales a la inversión en áreas prioritarias para los porteños: básicamente salud, vivienda, educación y cultura.
El primer borrador de obras contenía el listado completo de muchas que figuraban con financiamiento a través de recursos propios en el proyecto de Ley de Presupuesto enviado por Telerman, se establecía el financiamiento de obras que contaban ya con créditos como la del Arroyo Maldonado, y además se incluía acciones de escasa urgencia para la Ciudad. Cuando se descubrieron los errores, en lugar de reducirse el monto "necesario", se optó por cambiar el listado de obras.
Quedaba claro que se perseguía el monto de u$s 500 millones, no resolver necesidades de inversión pública. El otro costado de la decisión implicaba un fuerte aumento del gasto corriente, ya que la propuesta de Gastos Corrientes en el Presupuesto enviado por Macri aumentaba en $ 626.203.438 ($ 10.089.318.798 propuestos por el macrismo contra los $ 9.463.115.360 propuestos por el entonces Jefe de Gobierno).
Fue el propio Mauricio Macri el que reconoció más tarde que se había negociado con las AFJP la colocación del bono antes de asumir la Jefatura de Gobierno.
En reuniones que se realizaron en la Comisión de Presupuesto de la Legislatura, el Director de Crédito Público de la Ciudad comentó reiteradas veces que se estaba negociando con la Superintendencia de AFJP la incorporación del FOISO en el inciso "Q". Para entender de qué se trata este inciso, debemos remontarnos a febrero del año 2007, cuando se aprobó la Ley 26.222, modificatoria de la ley 24.241 ("Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones"), reforma previa a que el Estado se hiciera nuevamente cargo del sistema.
El artículo 74º de la ley 24.241 instituía una serie de criterios para invertir los activos de las AFJP. La reforma de dicha ley previsional le incorporaba un inciso, con el siguiente texto:

"q) Títulos de deuda, certificados de participación en fideicomisos, activos u otros títulos valores representativos de deuda cuya finalidad sea financiar proyectos productivos o de infraestructura a mediano y largo plazo en la República Argentina. Deberán destinar a estas inversiones como mínimo el CINCO POR CIENTO (5%) de los activos totales del fondo y hasta un máximo del VEINTE POR CIENTO (20%). El PODER EJECUTIVO NACIONAL establecerá un cronograma que permita alcanzar estos valores en un plazo máximo de CINCO (5) años. Las inversiones señaladas en este inciso estarán sujetas a los requisitos y condiciones establecidos en el artículo 76."

Revisando la Versión Taquigráfica de la Cámara de Diputados de la Nación, pudimos encontrar la postura del bloque PRO respecto de la propuesta de reforma a la ley, que básicamente establecía la posibilidad de que los aportantes al régimen de AFJP puedan volver al sistema de reparto, algo que les estaba vedado con anterioridad. La preocupación central de los Diputados de la fuerza política que hoy gobierna la Ciudad (o al menos de una parte de ellos, ya que Macri estuvo ausente) puede verse claramente reflejada en las palabras del Diputado Pinedo: "nos preocupa especialmente que la decisión que tomen no termine en un callejón conocido de la política previsional argentina: el saqueo de los recursos de los jubilados, la utilización de estos recursos para satisfacer otros intereses y necesidades del Estado o de los gobiernos." Consecuente con esta afirmación, decía después: "Otra forma de sacarle plata a los jubilados es utilizarla para otras cosas que quiera el Poder Ejecutivo. Así vemos que ese superávit de las cuentas de la ANSES se utiliza para financiar al gobierno o, como se dice en la propuesta del Poder Ejecutivo, para financiar obras públicas, en lugar de financiar los haberes de los jubilados."
Más allá de las evidentes diferencias entre el discurso y la acción, debemos señalar los problemas que tenían las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones con posterioridad a la aprobación de la ley: el cumplimiento del inciso "q" y la aprobación de una Resolución conjunta de la Comisión Nacional de Valores, el Banco Central y la Superintendencia de AFJP, que fijaba que las inversiones en fondos del MERCOSUR no podrían exceder el 2% de las inversiones totales. Esto obligaba, cronograma mediante, a vender activos en Brasil y repatriar fondos por $ 8.000 millones antes de diciembre de 2008. La Resolución especificaba que esa mayor liquidez debería servir para que las AFJP cuenten con más fondos para cumplir con el inciso "Q". Una clara necesidad de las administradoras, que hasta el momento sólo habían podido imputar al mismo una inversión de $ 19.241.411 en un proyecto de la Municipalidad de Río Cuarto, muy lejos del los casi $ 1.000 millones que necesitaban invertir antes de diciembre de 2008 o de los $ 2.000 millones que debían alcanzar antes de finales de 2009.

Arrancar de cero

Como se trataba de la tercera fundación de Buenos Aires, y en consecuencia había que hacerse de nuevos fondos a través del aumento de los impuestos y la obtención de préstamos, era necesario también no hacerse cargo de la gestión Telerman, que además de haber evaporado el Fondo Anticíclico de la Ciudad con la complicidad del macrismo dejaba una deuda flotante de $ 800 millones. Por ese motivo se envió una propuesta a la Legislatura para emitir un bono destinado a los proveedores de la Ciudad por ese monto, que debía comenzar a pagarse después de que concluyera el periodo de Gobierno de Macri.
En este caso, la negociación en la Legislatura y la propia dinámica de la relación con los proveedores no permitió llegar tan lejos. Los Diputados que acompañaron la aprobación de esta ley al menos recortaron los plazos de pago y redujeron a cerca de la mitad el monto autorizado.
Al cierre del 2009, Hacienda había colocado casi $ 200 millones de estos bonos.

La culpa del Gobierno Nacional

La fecha en la que finalmente se aprobaron las condiciones particulares de colocación del “FOISO” fue muy cercana a la crisis que se desató en los mercados a partir del colapso de las hipotecas sub prime de los Estados Unidos. Basta ver la Versión Taquigráfica de la aprobación de la Ley 2789 para advertir que algunos Diputados alcanzaron a cuestionar las posibilidades de una colocación exitosa del Bono.
Por otra parte, no todos los que apoyaron la Ley de creación del FOISO (Ley 2570) aprobaron las exageradas tasas que finalmente se acordaron como tope: 13,5%, sea en pesos o dólares.
Con el sistema de AFJP a punto de quedar en manos del Gobierno Nacional, las posibilidades de hacerse de los fondos se fueron diluyendo, sobre todo porque el Gobierno Central no otorgaba la autorización que establecía la Ley de Responsabilidad Fiscal a la que la Ciudad había oportunamente adherido.
Esa falta de autorización fue utilizada hasta hace muy poco por el macrismo como excusa. No obstante, la situación internacional y la propia situación financiera del Estado Nacional habrían impedido acceder a tasas por debajo del tope puesto por la Legislatura. Finalmente el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner despejó sus nubarrones financieros reestatizando el sistema jubilatorio (eliminando una de las medidas más perniciosas del gobierno de Menem), lo que mejoraba sin duda las perspectivas pero al mismo tiempo dejaba a Macri sin la posibilidad de obtener recursos de la fuente con la que se había negociado antes de llegar al poder.
Por otra parte, más allá de las excusas, Macri optó por otros caminos para endeudarse: convirtió el bono FOISO en un bono de proveedores por fuera de las condiciones autorizadas por ley (al cierre de 2009 había colocado $ 12,6 millones), comenzó a utilizar la colocación de Letras de Tesoro (propia de la necesidad de cubrir diferencias estacionales de caja según la Ley de Presupuesto) en una deuda de largo plazo y elevó la deuda flotante en casi $ 1.200 millones.
De esta forma, en tan solo dos años la deuda de la Ciudad creció casi un 70% en pesos, muy por encima de cualquier estimación de inflación, extendiendo paralelamente los costos que deben afrontarse por el pago de intereses.
Solamente por los intereses de las Letras del Tesoro, y según el proyecto de Ley de Presupuesto 2010 (que finalmente se aprobó) el Gobierno de la Ciudad deberá pagar este año $ 290 millones, cifra que supera el presupuesto de inversión infraestructura en escolar y hospitalaria.

Empapelando Buenos Aires

El macrismo aprovechó el inminente recambio legislativo de finales de 2009 para conseguir autorizaciones varias en materia de endeudamiento que intentaban emprolijar muchos de los desaguisados cometidos hasta la fecha. La autorización para endeudarse con el objeto de construir subtes (Ley 3380), blanqueaba la decisión de no invertir un peso de fondos propios por encima de los fondos de afectación específica que se cobran (por ley 23.514) junto con el ABL y las patentes.
La decisión no fue un tema menor ni se puede asignar a crisis alguna. En el peor año de la crisis que azotó a la Argentina a principios de este siglo, 2002, la Ciudad llegó a invertir un 235,92% más que lo recaudado de acuerdo a la Ley 23.514.
Así era imposible acercarse a la promesa de campaña de 10 kilómetros de subte por año.
La colocación implica dinero adicional para el subte por el equivalente a nueve años de recaudación por Ley 23.514, pero los fondos que se recauden a futuro fueron asignados por la Ley 3380 al pago de amortizaciones o intereses. De esta forma, se hará muy complicado en los próximos 5 años invertir en la ampliación de la red de subte, sobre todo teniendo en cuenta que la colocación total realizada por la Ciudad implica un costo de intereses de unos u$s 300 millones (u$s 60 millones por año).
Con este panorama, la decisión de Macri es financiar la inauguración de seis o siete estaciones de subterráneo (en su mayoría con la construcción casi finalizada por gestiones anteriores), en el marco de la próxima campaña electoral.
Será todo un desafío, más allá de que lejos se encontrará de cumplir sus promesas de campaña, hacer conocer el costo que tiene para los porteños.
La otra gran autorización para endeudarse que otorgó la Legislatura saliente fue la aprobada bajo ley 3152, que tiene una serie de particularidades que hacen que parte de su texto choque con el texto de la Constitución de la Ciudad.
La ley tiene tres artículos (de un total de seis) destinados a autorizar emisión de deuda de largo plazo. El primero de ellos autoriza la colocación de un nuevo bono proveedores por $ 690.331.142, el segundo a emitir Letras con vencimiento más allá del cierre del ejercicio (lo que las convierte en deuda de largo plazo) por $ 300.000.000 y el tercero reduce el monto del FOISO a $ 913.901.672.
La Constitución de la Ciudad establece una serie de requisitos para autorizar el endeudamiento. Uno de ellos, establecido por el artículo 53º obliga a que la ley que lo autoriza contenga “determinación concreta de su objetivo”. Si leemos los tres artículos, solamente el tercero cumple con esa condición (el objeto fue fijado por la Ley 2570). Claramente el segundo no dice el destino de la deuda contraída en letras, y el primer artículo utiliza la fórmula “cancelación de obligaciones contraídas con proveedores y la cancelación de certificados de obra”, que es casi tan concreta como decir “lo que se les ocurra”.
Con la colocación anunciada, la Ciudad estaría alcanzando casi la totalidad del monto autorizado por el artículo 3º de la Ley 3152 (al cierre de 2009 se habían colocado ya $190 millones), mientras que del monto del artículo 1º ya se emitieron títulos por $ 416,8 millones.
Todas estas colocaciones acercan a la Ciudad a una carga de la deuda muy superior a la heredada por la actual gestión. Mientras que la relación deuda ingresos era en 2007 del 21,3%, la relación (que en los años 2008 y 2009 se aproximó respectivamente al 23% y al 27%) se acercará en 2010 a una cifra tal vez mayor al 30%. A ello debemos sumarle la fuerte carga de intereses, que como en el caso del endeudamiento para subtes, se produce en el marco de una gestión que además de no reconocer la existencia de gobiernos anteriores, planea no dejar margen de maniobra a quienes los sucedan.

Ilustración: Federico Armada

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