"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" Bertolt Brecht

sábado, 10 de abril de 2010

Quórum

(clic en imagen para ver en tamaño completo)

No hace mucho tiempo publiqué una nota titulada "Fomentando la ignorancia", en la que hablaba de los problemas para obtener quórum en el Senado. Decía entonces que la caída de las sesiones "puede convertirse en moneda corriente entonces, y debemos tratar de conocer el funcionamiento de las instituciones (subrayo que el quórum es un elemento fundamental del mecanismo institucional) antes de comprar opiniones interesadas al respecto."
La imagen que ilustra estas líneas muestra un artículo del diario La Nación en el que se informa sobre la reacción del kirchnerismo respecto del anuncio de Julio Cobos, quien realizaría un descuento sobre las dietas de los Senadores que no se presenten a la próxima sesión. En el cuadro que sobresale, se observa un apoyo a la medida del 92,1% de quienes votaron en la encuesta on line del periódico, sobre un total de 14.202 votos.
No es que me tome demasiado en serio las encuestas de La Nación porque de hecho no son serias. Cualquiera puede votar infinidad de veces (hay mucha gente que trabaja de eso y de participar en los foros) y aún si eso no fuera posible el perfil de los lectores del diario fundado por Mitre no representa demasiado al conjunto de la población. Pero más allá de eso, creo que hay una opinión mayoritaria favorable respecto de la medida del Vicepresidente, fogoneada por medios de comunicación (destacan por supuesto el Grupo Clarín y La Nación) que no paran de hablar de "paralisis legislativa".
Hay una serie de elementos a tener en cuenta. En primer lugar, el recinto no es, a pesar de lo mucha gente cree, el centro del trabajo parlamentario. Si bien es el más importante, ya que es el lugar en el que se toman las decisiones finales, apenas se trata de la frutilla del postre: casi nada se decide en las bancas, sino que la sesión es el producto de todo un trabajo previo que pasa por el análisis de un tema, el estudio de alternativas, su concreción en proyectos y el trabajo de las comisiones de asesoramiento que le dan forma al texto que se ha de aprobar. Si todo ese trabajo está bien hecho, lo que queda no es más que una puesta en escena: cada sector político bajará al recinto a defender su posición y a argumentar respecto de lo que votan los demás, y se impondrá la mayoría.
En segundo lugar, y producto de todo ese trabajo previo, al recinto llegan los temas que cuentan con acuerdo mayoritario. Ninguna minoría puede por sí sola imponer un tema en la agenda. El problema del Senado es que los números entre oficialismo y oposición son tan ajustados que ningún sector puede decidir los temas de la sesión, lo que dificulta enormemente que se llegue al quórum, pero eso no significa para nada que alguien trabaje menos de lo que debe. Es probable que ocurra lo contrario: cuanto más difícil es alcanzar consensos, más hay que trabajar en ellos.
Por último, el mundo no se termina si las Cámaras no logran sesionar. Su conformación no representa otra cosa que las diferencias políticas en la sociedad, y los estados de virtual empate no son necesariamente malos. No toda ley que se aprueba o reforma es mejor ni necesariamente peor. Lo que hay es una puja de intereses, en la que algunos sectores desean imponer una agenda que, mal que les pese (o nos pese, de acuerdo a que tema se trate), no tiene consenso mayoritario en el Congreso ni cuenta con el acuerdo del Poder Ejecutivo.
Decía Clarín el 22 de agosto de 1998: "Carlos Menem quiere cobrar caro el nuevo tropiezo en Diputados del proyecto de ley de reforma laboral. Tras haber advertido el jueves que impondrá la iniciativa del Gobierno por decreto, ayer llamó ñoquis profesionales y corruptos mensualizados a los diputados de la oposición que no dieron quórum para su tratamiento." El título de la nota, en un tema particularmente importante para intereses empresarios, fue ni más ni menos que "Los diputados de la Alianza son corruptos mensualizados" (y ojo que las comillas son mías, no del diario que pareció tomar como propias las palabras del ex Presidente).
Tengamos cuidado con los discursos que compramos.

1 comentario:

  1. Creo que hay algunos otros puntos interesantes que podrían ayudar a reflexionar sobre el tema y que creo que en algún otro artículo ya abordaste.
    Concretamente estoy pensando en dos cosas. Por un lado, la posibilidad de descontar parte del salario de un senador está prevista en el Reglamento de la Cámara desde hace mucho tiempo y de hecho corresponde a Cobos hacer cumplir esa norma. En consecuencia, más que exhaltar el comportamiento oportunista de Cobos, quienes apoyan el descuento (que no es mi caso) deberían criticarlo por no haber cumplido antes con sus deberes de funcionario público. Lo que es más, nadie ni siquiera se pregunta por qué Cobos no aplicó sanciones antes.
    No lo hizo por dos razones. Primero, porque no hay una relación directa y causal entre estar trabajando y estar en el Recinto. O acaso puede juzgarse que un senador durmiendo durante un discurso(como hemos visto por la tele más de una vez) está trabajando más que aquel que está atendiendo a un grupo de ciudadanos de su provincia que vino a plantear un reclamo o una necesidad?
    Segundo motivo: el Reglamento también prevé el derecho de no dar quórum.
    Y esto me lleva al segundo tema que quería abordar, que es de los dobles estándares. No se mide con la misma vara la decisión de no bajar al recinto cuando quienes la llevan a cabo son oficialistas que cuando son opositores. Los primeros son criticados, los segundos aplaudidos. Y no obstante, la práctica es la misma y las razones que los mueven también. Es más, muchos sectores esperan que quienes los representan no asistan a las sesiones en donde se va a tratar un tema que afecta sus intereses o principios morales, y eso no es evaluado negativamente por la sociedad. Estoy pensando, por ejemplo, en la legalización del aborto o del matrimonio homosexual. Quienes se oponen no quieren ir a discutir el tema en el recinto, quieren que directamente no se discuta. Y tienen derecho, el mismo derecho de no dar quórum que tiene el oficialismo.

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