"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" Bertolt Brecht

jueves, 8 de abril de 2010

Deuda más deuda

Imaginemos que usted desea ampliar su casa agregando 200 metros cuadrados. Sus ingresos anuales le permiten ir sumando habitaciones por unos 10 metros cuadrados por año. La cuenta es más que sencilla: a ese ritmo tardará 20 años en terminar su hogar tan soñado.
El capitalismo le permite una alternativa: puede disfrutar de su casa en pocos meses a través del uso del crédito, obteniendo hoy los recursos y pagando, entre capital e intereses, por un lapso un poco más prolongado que esos 20 años que le hubiera tomado terminar la casa sin contar con esta posibilidad.
Tomar en ese caso la decisión de endeudarse puede ser positivo. Aún a tasas no muy bajas, si ve que puede pagar las cuotas y que lo que iba a tomar 20 años tomará 26, la tentación de disfrutar la vivienda concluida en muy poco tiempo es grande. Millones de personas toman la decisión de hacerlo en el mundo, ya sea en los casos de créditos hipotecarios como créditos para el consumo, con los que se accede a un coche más bonito o se puede comprar una heladera más grande si la familia se agranda.
Ahora supongamos que alguien le acerca la siguiente propuesta: el préstamo no es sobre el total de lo que necesita para terminar la casa sino para sumar sólo 30 metros cuadrados. Con su mismo nivel de ingresos pasará los próximos 5 años pagando el crédito, por lo que durante ese lapso no podrá agregar nuevos metros. Es decir, su casa queda lejos de estar terminada, el crédito es caro y lo que se adelanta hoy implica un retraso en un futuro cercano. Además, como se trata de un bien que a usted no le genera ingresos adicionales, tampoco puede justificar por ese lado endeudarse.
La decisión probablemente sea distinta de la del primer ejemplo, aunque la racionalidad es difícil en estos casos porque se trata de prever eventos futuros. Tal vez usted guarde la esperanza de que sus ingresos puedan aumentar a tiempo para sostener el ritmo inicial de la obra, cualquiera puede sacarse la lotería y por qué no usted.
En el día de ayer se presentó en la Comisión de Presupuesto el Director de Crédito Público de la Ciudad de Buenos Aires, a brindar explicaciones a los legisladores respecto de una operación de endeudamiento que tiene mucho más que ver con el segundo ejemplo que con el primero. Lo hizo justamente el mismo día en que la justicia de la Ciudad frenó una operación para tomar deuda a través de la sociedad anónima que se encarga de las autopistas de la Ciudad (AUSA), empresa controlada por el Gobierno de la Ciudad. A la política de endeudar a Buenos Aires por los cuatro costados, que intenté resumir en la nota anterior, se sumaba este intento de eludir a la Legislatura tomando u$s 150 millones a través de una empresa controlada por la Ciudad.
Las críticas de los legisladores de la oposición se basaron en dos puntos de la colocación que la Ciudad acaba de concretar por u$s 475 millones: la tasa del 12,5% anual y las comisiones del 2% sobre el total de la emisión pagadas al Credit Suisse y a una consultora denominada KBR, que tiene en su directorio a gente vinculada políticamente al PRO.
Las justificaciones del funcionario fueron que la tasa se encontraba por debajo de la autorizada por la Legislatura para el FOISO (una Legislatura en la que el PRO impuso su mayoría para aprobar la ley 2789 con aliados más que habituales) y que había otras operaciones en el mundo que habían pagado comisiones incluso superiores. Pero había un punto que el funcionario no podía siquiera intentar explicar porque excede largamente a su función: ¿por qué tomar u$s 300 millones para el subte, todos ya mismo, cuando la ejecución de las obras no superó el último año el 30% del presupuesto? ¿Cómo van a lograr ejecutar $ 1.200 millones en un año si en el 2009 sólo se utilizó el 10% de esa cifra?
La respuesta fue que se podía poner el dinero en un plazo fijo en el Banco Ciudad, a una tasa menor, claro está.
Negocio inexplicable. Más aún cuando el objetivo es pobre: terminar 7 estaciones de subte (buena parte de ellas construida ya por administraciones anteriores). Muy lejos de los 10 kilómetros por año prometidos en la campaña y mucho más del objetivo de terminar las varias líneas de subte ya planificadas hace tiempo.
Un costo altísimo para que Macri pueda mostrar en la próxima campaña electoral que avanzó algo. Sobre todo cuando el Director de Crédito público explicitó que el cálculo que se hace para endeudar a la Ciudad es la existencia de "superávit operativo" (ingresos corrientes más altos que los gastos corrientes) como condición de sustentabilidad de la política de crédito. Como si el Presupuesto no tuviera que contemplar dinero para hacer obras (justificación que además se utiliza para subir impuestos). Como si el Gobierno de Macri tuviera el derecho de expandir al infinito el gasto corriente a costa de los fondos que futuros gobiernos tendrán para hacer obras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails