"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" Bertolt Brecht

jueves, 22 de abril de 2010

Aumento de los impuestos al consumo y la producción en la Ciudad de Buenos Aires


Buena parte de lo que se ha escrito en este blog tiene que ver con la gestión de Mauricio Macri al frente del Gobierno de la Ciudad. Es producto de una circunstancia temporal (recién el año pasado me empecé a dedicar a escribir en la web) y también consecuencia del seguimiento que a través de mi trabajo hago de los temas de la Ciudad.
Entre los temas que más he desarrollado se encuentran los vinculados con la gestión económica y financiera. Escribí lo que se puede considerar una especie de balance de mitad de mandato en septiembre del año pasado y, recientemente, un artículo bastante extenso sobre la política de endeudamiento de la Ciudad.
La gestión de los recursos de la Ciudad lejos está de lo que se plantea en la frase que encabeza esta nota. Más allá de que la inflación ha hecho quedar atrás las cifras entonces expuestas por Macri, lo cierto es que los ingresos han crecido por encima de cualquier previsión de inflación por dos motivos: por el aumento de los impuestos (100% promedio de ABL, sellos y en algunos casos ingresos brutos) y por la política de endeudamiento de la actual administración.

Aumentos Salariales

No obstante, y a pesar de que los aumentos de sueldos para empleados públicos son menores a los obtenidos en paritarias por los trabajadores del sector privado, se utiliza la negociación salarial como excusa para enviar a la Legislatura un proyecto tendiente a aumentar en medio punto la alícuota general de Ingresos Brutos que pagan casi todas las actividades comerciales y productivas de que se desarrollan en el territorio de la capital de la República.
Quiero ser preciso respecto a la cuestión salarial en la administración Macri, porque se trata de un tema que no sólo produce inquietud entre los trabajadores sino también en los ciudadanos que pagan impuestos. Es importante dejar bien en claro por qué considero que la negociación salarial se utiliza en este caso como excusa: si observamos lo que significa en el gasto total de la Ciudad el inciso 1º (el pago de salarios de docentes, médicos y trabajadores municipales), encontramos que representaba en el año 2007 un 50,98% de las erogaciones, mientras que en el año 2009 encontramos que representó el 49,14%. Esto significa que a valores del año 2009 los trabajadores públicos de la Ciudad perdieron participación en el gasto en una cifra que ronda los $ 300 millones.
Cualquiera podría imaginarse que los sindicatos (SUTECBA el más importante) no pudieron evitar que Macri destinara más dinero a obras que lo que se destinó en 2007, pero la diferencia no se la llevó la inversión real directa: mientras en 2007 las obras públicas se llevaron el 14,49% del gasto, en el año 2009 su participación cayó al 13,27%.

Presupuesto 2010

Una de las críticas que se hizo al proyecto de ley de Presupuesto 2010 (finalmente aprobado sin modificaciones al respecto) fue que no contemplaba aumentos salariales para el personal. También que las previsiones respecto de inflación y crecimiento del producto bruto geográfico eran ridículamente bajas, al punto que en el caso de la estimación de inflación se calculaba un 6,5% que era casi el mismo número que el PRO criticó en el Congreso Nacional (la estimación del Gobierno Nacional fue en este caso del 6,1%). En el caso del Producto Bruto Geográfico, se estimó un crecimiento de 1,5%.
En la práctica, la inexistencia de previsiones de crecimiento e inflación realistas combinada con la ausencia de recursos programados para aumentos salariales obliga a una rediscusión del presupuesto toda vez que en algún momento las partidas presupuestarias aprobadas han de tornarse insuficientes. Durante los últimos años, los efectos de la inflación han provocado la ampliación de diversas partidas a través de la Legislatura, pero siempre en la segunda mitad del año.
Esta vez, el Jefe de Gobierno propone modificar el presupuesto en abril.
Resulta extraño. Si bien se han presentado proyectos de Declaración solicitando al Poder Ejecutivo que envíe una propuesta de modificación del Presupuesto que contenga estimaciones realistas, la gran particularidad del texto presentado el día 22 de abril por Mauricio Macri es que carece de estimación alguna: solo se afirma que "puede observarse que la expectativa inflacionaria es mayor a la prevista en su momento, del mismo modo que se nota un mejor nivel de actividad".
Si en algo se parece Macri a esa "cualquier ama de casa" que gestiona su economía, es en esta forma de anoticiarse de que la inflación prevista no era correcta. Porque del Ministro de Economía para abajo, no debe tener a nadie que le entregue un número, aunque sea aproximado, de qué inflación estimar. Presentar una nueva evaluación de ingresos sin poder entregar a los legisladores aunque sea un número para que se pueda analizar las cuentas públicas es poco serio.
Según el proyecto del Jefe de Gobierno, hacen falta $ 1.100 millones. Aproximadamente la mitad surgiría de la reestimación de las variables macroeconómicas y para el resto hace falta aumentar Ingresos Brutos.
Ingresos Brutos es la principal fuente de financiamiento con la que cuenta el Gobierno de la Ciudad. Se paga igual que el IVA, y aumentar la tasa en medio punto provocaría exactamente el mismo efecto sobre los precios de los bienes y servicios que se producen y comercializan en la Ciudad que si el IVA pasara a ser del 21,5%.
Si al Gobierno Nacional se le ocurriera aumentar el IVA en un contexto de alta inflación, sería un escándalo. Ni hablar si durante la campaña se hubiera prometido no subir los impuestos, algo que en la Ciudad se hizo, probablemente a un cierto costo político.
Qué diríamos entonces si además los mismos que ahora quieren subir un impuesto pretendieron bajarlo cuando eran oposición. Porque en el 2006, el macrismo había presentado un proyecto precisamente para disminuir la alícuota general de Ingresos Brutos al 2,7%. En ese entonces, el argumento era que "una visión más equilibrada y respetuosa del dinero de los contribuyentes nos sugiere que tal vez llegó la hora de reconocer que sobran ingresos de manera estructural". El autor del proyecto al que se dio el número de expediente 645-D-06, Mario Morando, agradeció en los fundamentos el asesoramiento de los equipos técnicos de la Fundación Creer y Crecer, que por ese entonces lideraba el actual Ministro de Hacienda de la Ciudad, Néstor Grindetti.

Oportunidad y conveniencia

Cabe preguntarnos cuál sería el motivo para cambiar las estimaciones de crecimiento e inflación en abril y aumentar la alícuota en paralelo a esas nuevas estimaciones. Una lectura posible es que si se contara con estimaciones de crecimiento e inflación realistas se podrían obtener los recursos sin necesidad de aumentar los impuestos.
Esta afirmación puede sostenerse en las cifras de recaudación del primer trimestre del 2010 respecto de Ingresos Brutos suministrados por el ente recaudador de la Ciudad. Según los datos suministrados, la recaudación creció en el primer trimestre un 12,7%, es decir más de el doble de lo estimado por la ley de Presupuesto vigente (el 6,2%).
En un informe del mes de marzo, el Banco de la Ciudad de Buenos Aires, cuyo directorio es controlado por el PRO, resume la situación respecto de la inflación: la inflación se convierte en el principal problema de política económica. En primer lugar, porque en los últimos 3 meses la tasa de inflación navega a un ritmo anualizado superior al 30%. Aún quitando de la cuenta el rubro “alimentos y bebidas”, la inflación en el resto de los rubros no baja del 20% anualizado. En segundo lugar, porque no hay nadie en el gobierno que se sienta responsable, ni siquiera preocupado, por la tasa de inflación. En tercer lugar, porque los números de asistencia monetaria al Tesoro que se proyectan no lucen como un problema de “caja chica” que pueda ser fácilmente digerido por la economía o retirado alegremente del mercado vía notas del Banco Central.
Con estas afirmaciones, parece poco prudente lanzarse a aumentar los impuestos, especialmente los impuestos al consumo (por cierto los aumentos no recaen sobre otras actividades como los servicios bancarios), dado el impacto que sobre bolsillos ya castigados por la inflación ha de tener. Tengamos en cuenta que la alícuota general explica gran parte de la recaudación de ingresos brutos y que medio punto implica un aumento de la recaudación por las actividades sobre las que cae el incremento del 17%.
En definitiva, se están buscando recursos que muy probablemente se consigan por el efecto de la inflación y se esconde la razón por la que se los intenta recaudar.

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