"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" Bertolt Brecht

miércoles, 17 de marzo de 2010

Sobre el posible aumento del ABL


"Les aseguro, Joaquín, a usted y a los oyentes, que con los recursos que hoy tiene la Argentina a nivel nacional, los seis mil millones que tiene la Ciudad y los recursos que tiene la provincia, gestionándolos como gestiona cualquier ama de casa su economía, alcanza para resolver todos los problemas. Es mentira que tenemos problemas de presupuesto, es problema de organización, de gestión..."

Mauricio Macri, en el programa Desde el Llano, TN,
poco tiempo antes de la elección de 2007.


En septiembre del año pasado me atreví a imaginar un escenario para fines del 2009 en el que el Gobierno de la Ciudad aumentaría impuestos. Debo decir que mis previsiones apuntaban a un aumento del ABL, que finalmente no se produjo, y si bien la Ley Tarifaria que se aprobó retocó hacia arriba alguna alícuota de ingresos brutos, introdujo el cobro de impuesto de sellos a la venta de autos usados y tuvo algunos incrementos en tasas por servicios que presta la Ciudad (y entre ellos algunos aumentos muy elevados en los precios de los registros de conducir y los servicios de cementerios), las subas lejos se encuentran de equilibrar las cuentas públicas, aún a pesar de que la administración Macri estimó para 2010 una inflación de poco más del 6%, por lo que las previsiones de ingresos por impuestos al consumo se encuentran lejos de la realidad y se recaudará mucho más de lo previsto.
Aparentemente me equivoqué respecto de la fecha.

¿Qué grava el ABL?

En estos días en que la administración Macri salió a hacerse cargo de su intención de subir el ABL, creo conveniente hacer referencia a algunos ejes de discusión.
El primero de todos es que el ABL, a pesar de que la sigla induce a pensar de que se trata del cobro del servicio por alumbrado, barrido y limpieza, es en realidad un impuesto sobre el patrimonio, que grava la propiedad inmueble. De hecho, a pesar de que incluye ítems referidos a la limpieza de sumideros y a la construcción del subte (Ley 23.514), el grueso de lo que se recauda carece de afectación específica, por lo que no necesariamente esos recursos deben asignarse al pago de los servicios vinculados con la reparación de luminarias o con la recolección de residuos.
De hecho, la basura se ha llevado en el último año el equivalente a la casi totalidad de la recaudación de ABL, una relación que ya se había producido en el año 2007 cuando se recaudó por ABL $ 741.931.636,32 y se gastó en la basura $ 732.935.748,60. Este aspecto es importante porque para el año 2008 se produjo un aumento promedio del 100% en lo que pagan los habitantes de Buenos Aires por este impuesto, llegando en algunos casos a más del 300%. El problema es que mientras en el periodo 2008-2009 el servicio de higiene urbana que presta directamente el Gobierno de la Ciudad creció un 34,75% (un cifra por debajo de las estimaciones de inflación del periodo y muy por debajo del colchón de aumento del ABL que había logrado el macrismo), el servicio prestado a través de empresas privadas aumentó un 83,15%, llevando el gasto de $ 662.488.173,43 en 2007 a $ 1.213.411.175,57 en 2009 (totalizando el gasto en limpieza en $ 1.308.346.008,07, mientras que de ABL se recaudó $ 1.423.205.219,21), lo que en parte explica las necesidades financieras del Gobierno de la Ciudad, además de otros gastos y de un particular esquema de prioridades.
Lo que no se explica, por supuesto, es el motivo de las disparidades de los aumentos de costos entre privados y Estado y por qué las empresas recibieron aumentos muy por encima de cualquier estimación estatal o privada de inflación, pero lo importante es señalar que el ABL no tiene que ver con los precios de los distintos servicios que mucha gente cree que incluye, y es mejor que sea así, porque si Macri pudiera descargar directamente los costos sobre los contribuyentes, sin duda serían mucho mayores.

Reforma Tributaria

Otro tema que hay que tener en cuenta en el debate sobre el aumento de ABL es cómo se enmarca en una discusión más amplia sobre una reforma tributaria. En principio los impuestos sobre el patrimonio son más progresivos que los impuestos al consumo (la principal fuente de recaudación de la Ciudad es el Impuesto sobre los Ingresos Brutos), pero hay algunas particularidades: no es lo mismo cobrar ingresos brutos a la venta de pan o leche que al producto de la explotación de juegos de azar o a la especulación financiera. Cualquier análisis de la progresividad o regresividad del cobro de ingresos brutos debe sopesar las actividades que se encuentran gravadas, las alícuotas que tributan y lo que en definitiva se recauda.
Por otra parte, no da igual cobrar impuestos sobre las muchas propiedades que en la Ciudad superan el valor de mercado de un millón de dólares (concentradas especialmente en pocos barrios) que hacerlo sobre departamentos de uno o dos ambientes que se destinan al alquiler, sobre todo teniendo en cuenta que quien termina afrontando el impuesto es el inquilino, no el propietario. En este sentido, para una importante cantidad de asalariados que pagan un alquiler y que sufrieron el impacto del aumento que se produjo con la primera factura de ABL de 2008, cualquier nuevo aumento superaría en conjunto las mejoras que puedan haber logrado en sus sueldos.

Valor de Mercado: mal destino.

Una última cuestión es la intención de tomar el valor de mercado de las propiedades dejando de lado la construcción de indicadores que lleva a la obtención de un valor fiscal. Tomar una decisión así puede tener dos consecuencias altamente negativas: en primer lugar, si no se modificara la alícuota, el ABL podría sufrir aumentos que superen largamente el 1000%. Si la alícuota se llevara al 1% del valor de mercado (tope anual introducido por el macrismo en la Ley Tarifaria de la Ciudad tras los incrementos votados a fines de 2007), posiblemente el ABL se multiplicaría por tres, cifra que no se encuentra muy lejos de la pretensión públicamente señalada por el gobierno de conseguir recaudar al menos $ 3.000 millones más. En segundo lugar, tomar valuaciones de mercado para cobrar el ABL implica que la recaudación de la Ciudad quede en este aspecto atada a los vaivenes del mercado inmobiliario y, lo que es peor, que en un caso de fuerte caída de la actividad económica y de los precios de las propiedades como ocurrió en 2002, la recaudación por ABL se desplome junto con la recaudación por ingresos brutos . Si el impuesto hubiera tenido entonces esas características, sin duda la crisis hubiera sido aún más severa para las cuentas de la Ciudad (en 2002 el ABL representó casi el 16% de los ingresos).
De todas maneras, no está del todo mal tomar los valores de mercado para analizar disparidades que puedan existir frente al impuesto, pero no puede ser esa la base del cobro del mismo.

Los números de la Legislatura

Desde la comunicación del Gobierno de la Ciudad se ha utilizado la propuesta de creación de una Comisión de Reforma Tributaria presentada por Diputados de la oposición para intentar desligar al macrismo de la iniciativa de aumentar el ABL (como si los votos de sus legisladores no fueran indispensables para ello y como si muchos ciudadanos pudieran distinguir esa diferencia al momento de recibir la boleta). La ley requiere 31 votos para aprobarse, y el Ejecutivo cuenta con 26 legisladores propios (sobre un total de 60). En el pasado Macri ha sabido conseguir aliados para todo tipo de leyes, y habrá que ver qué compañeros consigue en esta ocasión.
Evidentemente las necesidades financieras se han vuelto acuciantes y las posibilidades de aumentar la deuda, habiendo acrecentado la de la Ciudad casi un 70% en sólo dos años, son bastante limitadas.

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