"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" Bertolt Brecht

sábado, 30 de mayo de 2009

Kirchner no es "estatista"

Llevo varios días tratando de entender qué quiso decir Néstor Kirchner cuando afirmó no ser “estatista”. En el medio de este tiempo se ha sumado el propio líder de la CGT, Hugo Moyano, al coro de quienes se niegan a serlo o haberlo sido.
No tengo muy claro tampoco a quién fue dirigido el mensaje. Por cierto es probable que haya sido para tranquilizar los oídos de algunos empresarios, o probablemente quienes están siendo expropiados hoy día por el Estado venezolano.
Más allá todo esto, que se instale una vez más el debate respecto del “estatismo”, es algo que me llama la atención. Me da la sensación de que retrocedemos exactamente 20 años.
Parecen olas que van y vienen. En 1989, si bien las elecciones las gana Carlos Menem prometiendo salariazo y revolución productiva, el discurso dominante (un pensamiento impuesto además a nivel global por la caída del comunismo) es el de la U.Ce.De de Álvaro Alsogaray, que sería rápidamente absorbido por el nuevo gobierno.
En el año en que Menem asume su primer mandato, yo tenía 16 años y era lector del Diario La Nación. Prácticamente era imposible que no “compre”, como la mayoría de los argentinos, el discurso que dominaba en los medios, al que Alsogaray definía usando dos palabras: estatismo y dirigismo. Eran tiempos de crisis económica, hiperinflación y saqueos en los supermercados. Era obvio que algo no había funcionado pero, ¿era la nueva receta lo que el país necesitaba?
El grueso de la opinión pública pensaba entonces que estaba bien privatizar las empresas públicas. Al fin y al cabo, casi todas generaban “pérdidas” al Estado y brindaban malos servicios. El Gobierno, agobiado por la carga de la deuda, ya no debía seguir manteniendo todo eso.
El modelo económico que surgió entonces destruyó la Argentina en poco menos de una década. Las privatizaciones generaron la desaparición de pueblos enteros a los que en los años de “estatismo” llegaba el ferrocarril. Los servicios públicos se volvieron más caros que en Europa o Estados Unidos y amplias porciones de la población fueron directamente excluidos de la economía.
A todo ello se sumó la privatización de los fondos de jubilación de millones de argentinos, algo que acentuó el déficit del sector público y obligó al Estado a pedir esos mismos fondos prestados a una tasa por lo general bastante elevada, mientras los ciudadanos pagaban comisiones altísimas a las AFJP y sus cuentas de capitalización no capitalizaban nada que asegure una jubilación al menos aceptable.
Da la impresión de que los argentinos vamos de nuevo hacia una economía que se aleje del “estatismo”. Una economía en la que el Estado vuelva a dejar la poca participación que hoy ha recuperado en materia de decisiones estratégicas para que sea el sector privado el que decida el rumbo.
Si es así, seguimos sin aprender nada. El modelo de los 90 generó crecimiento económico y mejoró el nivel de vida de una porción de argentinos, pero a costa de la exclusión de una gran franja de población. La Argentina es un país que no puede vivir de las ventajas comparativas que el campo posee, porque en esos años quedó claro que ese modelo cierra con un 20% de desempleo.
Los economistas hacen cálculos de ingresos y gastos, pero no son buenos para calcular costos y ganancias sociales. Subsidiar la existencia de la industria y que el Estado tenga un rol activo invirtiendo en aquellos sectores en los que el capital privado no se interesa por las tasas de retorno tiene a primera vista un precio, pero también deja ganancias que no siempre son adecuadamente sopesadas.
Es que un alto nivel de empleo genera inclusión, y la inclusión permite alcanzar mejores estándares en seguridad, salud, educación y varios etcéteras que también tienen un costo para el bolsillo de los ciudadanos.
Esto me tocó aprender a mí en todo este tiempo, pero me parece que vamos derecho a escuchar frases como la que dejó un tal Martínez de Hoz a la historia (a su parte más negra), por allá por 1976:
"...Se abre un nuevo capítulo en la historia económica argentina. Hemos dado vuelta una hoja del intervencionismo dirigista, estatizante y socializante de la actividad económica, para dar paso a la liberación de las fuerzas productivas...”

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails